¿Puede un bote de cápsulas de vitamina E aliviar de verdad una de las afecciones dolorosas más tercas de la ginecología? Para una enfermedad que le cuesta a la economía de Estados Unidos unos 78000 millones de dólares al año en sanidad y productividad perdida, y que suele tardar años en diagnosticarse incluso en países ricos, esa pregunta merece una respuesta seria.
La endometriosis afecta a aproximadamente una de cada diez mujeres en edad fértil, y provoca dolor pélvico crónico, reglas dolorosas y dolor durante las relaciones sexuales lo bastante intenso como para alterar el trabajo, las relaciones y la vida diaria. Todavía no existe cura, y los tratamientos actuales se basan en medicación hormonal o cirugía, ambos con efectos secundarios y un riesgo real de que los síntomas vuelvan.
El estrés oxidativo parece alimentar el propio dolor. El tejido de la endometriosis se encuentra en un entorno inundado de especies reactivas de oxígeno, moléculas inestables que dañan las células cuando las defensas antioxidantes del cuerpo no dan abasto. El líquido peritoneal de las pacientes muestra niveles elevados de citocinas inflamatorias, y se cree que los macrófagos activados en ese entorno impulsan buena parte del dolor crónico. Ese vínculo mecanicista es lo que llevó a los investigadores a comprobar si simplemente reforzar las vitaminas antioxidantes, en concreto la vitamina C, la vitamina E y la vitamina D, podía calmar el proceso.
Un equipo revisó PubMed, Web of Science, la Cochrane Library, Scopus y la base de datos china CNKI hasta marzo de 2023, siguiendo las directrices PRISMA y un protocolo registrado de antemano en PROSPERO. Tras filtrar 4420 registros, sobrevivieron 13 ensayos clínicos aleatorizados, con 589 pacientes en total repartidas entre Irán, China, México, Egipto, Alemania y Estados Unidos.
La vitamina E, sola o junto con vitamina C, alivió el dolor pélvico crónico. Las pacientes que tomaron vitamina E, con o sin vitamina C, refirieron un dolor pélvico crónico significativamente menor que las del grupo placebo, un efecto que se mantuvo tanto en las escalas de dolor como en la proporción de pacientes que notaron una mejora real. La vitamina D sola contó una historia distinta: también redujo algo el dolor, pero la diferencia frente al placebo nunca llegó a ser estadísticamente significativa.
Todas las pautas de vitaminas probadas ayudaron con los cólicos menstruales. En el caso concreto de la dismenorrea, las tres vitaminas, ya fuera combinadas entre sí o junto con anticonceptivos hormonales, produjeron una reducción real del dolor, con resultados inusualmente consistentes en los nueve ensayos que lo midieron.
El dolor durante las relaciones sexuales resultó más difícil de aliviar. La dispareunia respondió bien a la combinación de vitamina E y C, pero ni la vitamina D ni la vitamina E por separado superaron al placebo en ese síntoma concreto, un recordatorio de que no todas las formas de dolor de la endometriosis responden al mismo remedio.
Los análisis de sangre respaldaron el alivio del dolor con una señal biológica real. En las pacientes que tomaron vitamina E y C, los niveles en sangre de malondialdehído, un marcador habitual de daño oxidativo, bajaron en proporción a cuánta cantidad y durante cuánto tiempo tomaron el suplemento, y los marcadores inflamatorios en el líquido pélvico, como RANTES e interleucina-6, también descendieron. Ese patrón le da al alivio del dolor un mecanismo biológico plausible, en vez de dejarlo como una simple coincidencia estadística.
Nada de esto equivale a una cura, y la evidencia todavía tiene huecos reales. Los ensayos eran aleatorizados, lo que respalda una lectura causal, pero la mayoría eran pequeños, procedían de un puñado de países y usaron dosis y periodos de seguimiento distintos, lo que probablemente explica la gran variabilidad entre estudios. La certeza de la evidencia se calificó como baja para el dolor pélvico y la dispareunia, y solo moderada para la dismenorrea. Los datos sobre fertilidad venían de apenas dos ensayos y no mostraron efecto alguno sobre la tasa de embarazo, aunque hubo indicios de una mejor calidad de óvulos y embriones que necesitarían mucha más investigación para confirmarse.
Los hallazgos proceden de Zheng SH, Chen XX, Chen Y, Wu ZC, Chen XQ, Li XL, publicado en Reproductive Biology and Endocrinology en 2023 (DOI 10.1186/s12958-023-01126-1), una revisión sistemática y metaanálisis de 13 ensayos clínicos aleatorizados sobre la suplementación con vitaminas antioxidantes para el dolor asociado a la endometriosis.








