4 de septiembre de 2026
Espacio

¿Dónde Estaban Escondidas las Estrellas del Río que Rodea la Vía Láctea?

¿Dónde Estaban Escondidas las Estrellas del Río que Rodea la Vía Láctea?

Levanta la vista hacia el cielo del hemisferio sur en una noche despejada y, junto a las dos manchas borrosas que llamamos las Nubes de Magallanes, hay un río de gas de hidrógeno tan enorme que ocupa casi un tercio de la bóveda celeste. Los astrónomos lo llevan cartografiando con precisión desde hace cincuenta años. Lo que nunca habían encontrado, pese a intentarlo una y otra vez, eran las estrellas que deberían viajar junto a ese gas.

Eso acaba de cambiar. Un equipo de astrónomos que usó el telescopio Magallanes Baade, en Chile, identificó trece estrellas que parecen ser la contraparte estelar que faltaba en la Corriente Magallánica, extendida más de cien grados por el cielo, a distancias de entre 60 y 120 kilóparsecs de la Tierra (entre 200.000 y 400.000 años luz), una o dos veces más lejos que las propias Nubes de Magallanes. El hallazgo se publicó en The Astrophysical Journal.

Las estrellas se delataron por cómo se mueven, no por su composición. Con un espectrógrafo montado en el telescopio, el equipo midió el movimiento, la distancia y la composición química de 191 estrellas gigantes dispersas por los confines de la galaxia, el tipo de rastreo que normalmente no encuentra nada fuera de lo común. Trece de esas estrellas destacaron por su momento angular: se movían casi en el mismo plano orbital que las Nubes Grande y Pequeña de Magallanes, una firma que las estrellas corrientes del halo exterior no comparten.

Las estrellas recén encontradas se dividen en dos familias distintas. Cerca de la mitad son relativamente ricas en metales y siguen de cerca el rastro de gas, como una sombra que persigue a su origen; los autores creen que se formaron junto con ese gas, arrancadas de las Nubes por la gravedad de la Vía Láctea. La otra mitad tiene mucho menos metales y está más dispersa, alejada del gas por un buen margen. Según el estudio, es probable que esas estrellas salieran despedidas del borde de la Nube Pequeña de Magallanes durante un choque anterior entre las dos Nubes, mucho antes de que existiera el propio río de gas.

El hallazgo también obliga a recalcular cuánto gas hay realmente ahí fuera. Convertir el brillo de una nube en una masa real exige conocer su distancia, y hasta ahora nadie tenía una distancia fiable para el extremo más lejano de la corriente. Con las nuevas distancias, el equipo calcula que el gas pesa el doble de lo que se asumía, una cantidad que rivaliza con el gas que hoy contiene la propia Nube Grande de Magallanes.

El descubrimiento también resolvió un segundo misterio cercano. Cerca de la constelación de Piscis hay una acumulación extraña de estrellas, la Pluma de Piscis, que se atribuía a la simple agitación que provoca la gravedad de las Nubes al caer hacia la Vía Láctea. El nuevo rastreo encontró que al menos una de cada siete estrellas de esa zona, y posiblemente hasta la mitad, son en realidad restos arrancados de las Nubes de Magallanes, no estrellas propias de la Vía Láctea alteradas de paso.

La conexión con las Nubes es sólida, pero no definitiva. Los propios autores reconocieron que su método reconstruye la órbita pasada de cada estrella con un modelo simplificado de la gravedad de la Vía Láctea, que no recoge toda la física real de las fuerzas de marea y el rozamiento que sufrieron las Nubes al caer. Un puñado de las trece estrellas no encaja del todo con esa reconstrucción, aunque el resto de las pruebas, su química y su trayectoria actual, apunte en la misma dirección.

Lo que queda por hacer es medir el propio gas, no solo las estrellas que lo acompañan. El equipo propone un rastreo más denso del halo exterior que permita trazar el alcance real de la corriente de forma directa, en vez de inferirlo a partir de un puñado de estrellas, y así fijar con precisión hasta dónde llega de verdad este río galáctico.

El estudio, “Discovery of the Magellanic Stellar Stream Out to 100 Kiloparsecs”, se publicó en The Astrophysical Journal, firmado por Vedant Chandra, Rohan P. Naidu, Charlie Conroy, Ana Bonaca, Dennis Zaritsky, Phillip A. Cargile, Nelson Caldwell, Benjamin D. Johnson, Jiwon Jesse Han y Yuan-Sen Ting (DOI: 10.3847/1538-4357/acf7bf).

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