4 de septiembre de 2026
Salud

¿El agotamiento del médico también pasa factura al paciente?

¿El agotamiento del médico también pasa factura al paciente?

Imagina que llevas media hora esperando en la sala y, cuando por fin te atiende, el médico apenas te mira a los ojos. Habla rápido, mira el reloj, parece que tiene la cabeza en otro sitio. Ese agotamiento tiene nombre en medicina, el síndrome de burnout, y durante años se ha contado casi siempre como una factura que paga solo quien lo sufre.

El coste no se queda en el médico. Los médicos que cumplían los criterios de burnout tenían aproximadamente el doble de probabilidades de verse implicados en un incidente de seguridad del paciente (errores de prescripción, fallos de seguimiento, reingresos potencialmente evitables) que los médicos sin agotamiento (razón de momios 2,04). También mostraban más del doble de probabilidad de incurrir en faltas de profesionalidad, y más del doble de probabilidad de recibir una valoración baja por parte de los pacientes que acababan de atender.

El tamaño del análisis es lo que hace difícil ignorar el patrón. Publicado en The BMJ en septiembre de 2022 por un equipo liderado desde la Universidad de Manchester, el trabajo agrupó 170 estudios observacionales con 239.246 médicos, una cifra comparable a la población de una ciudad mediana, y todos ellos médicos en activo, no muestras mixtas de personal sanitario. Revisiones anteriores habían mirado fragmentos de esta pregunta, pero los datos eran tan heterogéneos que la mayoría se conformó con resúmenes narrativos en lugar de cifras agregadas.

El equipo construyó el panorama a partir de estudios ya publicados. Los autores rastrearon Medline, PsycINFO, Embase y CINAHL desde el origen de cada base de datos hasta mayo de 2021, se quedaron solo con estudios observacionales sobre médicos, y combinaron los resultados con modelos de efectos aleatorios, un método que asume que el efecto real varía de un entorno a otro en lugar de tratar cada hospital como idéntico. Después escribieron a todos los autores originales para confirmar las cifras extraídas, y cerca de la mitad de los equipos respondió y las confirmó.

El lado profesional de la balanza pesa incluso más. El burnout se asoció con casi cuatro veces más probabilidad de insatisfacción laboral frente a satisfacción (3,79), con el triple de intención de abandonar el puesto frente a quedarse, y con un salto similar en arrepentirse de haber elegido medicina como carrera. Según la lectura de los propios autores, ese es el daño principal, con la calidad de la atención como una consecuencia que viene después.

Las dos caras del agotamiento parecen dañar de forma distinta. El agotamiento emocional, la dimensión de sentirse vacío y sin recursos, se relacionó sobre todo con las ganas de dejar el trabajo. La despersonalización, ese distanciamiento cínico que convierte a un paciente en un caso más, se relacionó sobre todo con peor atención y pacientes más insatisfechos. Los autores también apuntan que la flecha puede ir en el sentido contrario: verse implicado en un incidente de seguridad grave es en sí mismo una vía conocida hacia el burnout, un bucle que a veces se describe como trauma secundario, lo que significa que aquí causa y efecto están enredados y no alineados de forma limpia.

Ese nudo es la principal limitación del estudio, y los propios autores lo reconocen. La mayoría de los 170 estudios eran transversales, una fotografía de los médicos en un único momento, lo que los autores escriben que les impide establecer vínculos causales entre el burnout y la atención al paciente o las decisiones de carrera. La heterogeneidad fue alta en casi todas las comparaciones, los incidentes de seguridad se definieron de forma amplia, más de tres cuartas partes de los datos de seguridad y profesionalidad procedían de los propios médicos autoinformándose, y el equipo señaló tanto un sesgo de publicación como el hecho de que solo se incluyeron estudios en inglés. Su propia recomendación es tratar con cautela las estimaciones agregadas de seguridad del paciente. Esto es una asociación medida en un grupo muy grande, no la prueba de que el agotamiento de un médico concreto perjudique a un paciente concreto.

Algunos rincones de la medicina cargan con más riesgo que otros. En los análisis exploratorios, el vínculo entre burnout e incidentes de seguridad fue más fuerte entre los médicos más jóvenes y quienes trabajaban en urgencias y cuidados intensivos, y el vínculo con la falta de profesionalidad fue más fuerte en médicos todavía en formación y en el entorno hospitalario. La mayoría de esas señales se debilitó al tener en cuenta todos los factores a la vez, así que se leen como pistas, no como conclusiones.

Lo que todavía falta es el estudio que siga a los médicos a lo largo del tiempo. Los autores piden diseños prospectivos capaces de desenredar el orden real de los acontecimientos entre el agotamiento, el cinismo y los resultados medidos aquí, y acceso a los datos individuales de cada participante en lugar de resúmenes agregados. Mientras tanto, su argumento práctico es que el burnout ha dejado de ser un capricho de bienestar laboral para convertirse, con esta evidencia, en un problema de plantilla y de seguridad que el sistema sanitario paga de una forma u otra.

Fuente: Hodkinson A, Zhou A, Johnson J, Geraghty K, Riley R, Zhou A, Panagopoulou E, Chew-Graham CA, Peters D, Esmail A, Panagioti M. «Associations of physician burnout with career engagement and quality of patient care: systematic review and meta-analysis». BMJ, 2022;378:e070442. DOI: 10.1136/bmj-2022-070442

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