5 de septiembre de 2026
Salud

La dieta mediterránea se relaciona con un 30% menos de riesgo de alzhéimer, según un nuevo metaanálisis

La dieta mediterránea se relaciona con un 30% menos de riesgo de alzhéimer, según un nuevo metaanálisis

Aceite de oliva sobre un plato de verduras. Un filete de pescado a la plancha en vez de una hamburguesa. Un puñado de nueces en vez de una bolsa de patatas fritas. Suena a consejo típico para el corazón, pero cada vez hay más evidencia de que ese mismo plato podría estar protegiendo también algo distinto: tu cerebro.

Un nuevo metaanálisis publicado en la revista GeroScience pone cifras concretas a algo que los nutricionistas llevan años sospechando. Las personas que siguen de cerca una dieta de estilo mediterráneo muestran un riesgo notablemente menor de deterioro cognitivo, demencia y alzhéimer. El hallazgo más llamativo de los tres es que el riesgo de desarrollar alzhéimer específicamente cayó un 30% entre los grupos más fieles a la dieta.

Lo que hay detrás de esa cifra es enorme. El deterioro cognitivo asociado a la edad y la demencia ya representan una carga sanitaria y económica global de primer orden, y se espera que la población afectada se duplique en 2030 y se triplique en 2050 a medida que el mundo envejece. Durante mucho tiempo se ha señalado al alzhéimer como el principal culpable, pero los investigadores calculan ahora que el deterioro cognitivo vascular, ligado a problemas de flujo sanguíneo y salud de los vasos cerebrales, explica casi la mitad de todos los casos de demencia, a menudo solapándose con el alzhéimer en el mismo paciente.

Los investigadores combinaron datos de 23 estudios distintos para llegar a estas cifras. El equipo, liderado por Mónika Fekete en la Universidad Semmelweis de Hungría, revisó la literatura científica publicada entre 2000 y 2024, examinando 324 artículos a texto completo antes de quedarse con los 23 que cumplían sus criterios. Con un modelo estadístico de efectos aleatorios, calcularon hazard ratios combinados (una medida de cuánto más o menos probable es un resultado en un grupo frente a otro) para tres desenlaces distintos: deterioro cognitivo general, demencia de cualquier tipo, y alzhéimer específicamente.

Los resultados, desglosados por desenlace, cuentan una historia coherente. Para el deterioro cognitivo, con datos de 13 estudios, el hazard ratio fue de 0,82, lo que significa que quienes seguían de cerca la dieta mediterránea frenaban su ritmo de deterioro cognitivo en torno a un 18%. Para la demencia en general, con 10 estudios, el hazard ratio fue de 0,89, una reducción del riesgo del 11%. Y para el alzhéimer en concreto, calculado a partir de nueve cohortes, el hazard ratio bajó hasta 0,70, el 30% de reducción mencionado antes y el efecto más grande de los tres.

El efecto protector probablemente depende de lo que hay realmente en el plato. La dieta mediterránea se construye en torno a verduras, frutas, cereales integrales, legumbres, pescado, frutos secos y aceite de oliva, y es notablemente baja en carne roja y grasas saturadas. Muchos de esos alimentos son ricos en polifenoles y otros antioxidantes que reducen la inflamación y el estrés oxidativo, dos procesos muy vinculados tanto al alzhéimer como al daño vascular cerebral. El aceite de oliva virgen extra contiene en particular un compuesto llamado oleocantal, que en estudios de laboratorio ha demostrado interferir con la agregación de la beta amiloide, los fragmentos de proteína pegajosos que se acumulan formando las placas características del alzhéimer. Los omega 3 del pescado y los frutos secos, por su parte, parecen favorecer el riego sanguíneo cerebral y reducir la neuroinflamación.

Nada de esto demuestra que la dieta por sí sola reduzca el riesgo de demencia. Casi todos los estudios incluidos son observacionales, es decir, siguieron lo que la gente ya comía y qué le pasaba a su salud cognitiva con el tiempo, en vez de asignar al azar a unos participantes a seguir la dieta y a otros no. Ese diseño no puede descartar factores de confusión: quienes comen así también suelen hacer más ejercicio, fumar menos y tener vínculos sociales más fuertes, cualquiera de los cuales podría beneficiar al cerebro por su cuenta. Los propios autores señalan además una heterogeneidad estadística real entre estudios (hasta el 66% en el análisis de demencia) y, en dos de los tres desenlaces, una asimetría en los datos que puede ser indicio de sesgo de publicación, es decir, que los estudios con resultados decepcionantes tengan menos probabilidad de publicarse. Los propios investigadores piden ensayos clínicos aleatorizados para confirmar una relación causal directa.

En conjunto, los hallazgos no equivalen a una cura ni a una garantía. Pero añaden un respaldo bastante sólido a un consejo sencillo y de riesgo prácticamente nulo: más verduras, cereales integrales, pescado y aceite de oliva, menos carne roja y comida procesada, mantenido de forma constante durante años en vez de como solución rápida. Para una enfermedad sin cura y con una prevalencia global en aumento, una dieta que la mayoría ya sabe cocinar es un listón bastante bajo a cambio de una diferencia potencial del 30%.

Fuente: Fekete M, Varga P, Ungvari Z, et al. «The role of the Mediterranean diet in reducing the risk of cognitive impairment, dementia, and Alzheimer’s disease: a meta-analysis.» GeroScience, 2025. DOI: 10.1007/s11357-024-01488-3.

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