Dormir demasiado puede ser tan peligroso para tu corazón, tu cerebro y tus arterias como dormir demasiado poco. Suena contraintuitivo, durante años el mensaje ha sido simplemente «duerme más», pero es la conclusión del metaanálisis más amplio hecho hasta la fecha sobre sueño y mortalidad, publicado en la revista GeroScience.
El equipo, liderado por investigadores de la Universidad de Oklahoma y la Universidad Semmelweis de Budapest, revisó 79 estudios de cohorte con seguimiento de al menos un año, tras cribar más de 31.000 registros iniciales. El objetivo era responder a una pregunta que llevaba 15 años sin actualizarse desde el trabajo pionero de Cappuccio et al.: ¿cuánto sueño es exactamente demasiado poco, y cuánto es demasiado?
Dormir menos de 7 horas eleva el riesgo de muerte un 14%. Ese es el resultado agregado de 46 estudios que compararon a personas con sueño corto (menos de 7 horas por noche) frente a quienes dormían entre 7 y 8 horas, la franja de referencia. El hazard ratio calculado fue de 1,14 (intervalo de confianza del 95%, entre 1,10 y 1,18), un aumento estadísticamente significativo y consistente con décadas de investigación previa sobre privación de sueño.
Lo que sorprende más es lo que ocurre en el otro extremo. Dormir 9 horas o más se asocia a un riesgo de muerte un 34% mayor, según el análisis de 49 estudios (hazard ratio 1,34; intervalo de confianza, 1,26 a 1,42), muy por encima del riesgo asociado al sueño corto. Dormir demasiado no es un lujo inofensivo: en este análisis es el extremo más peligroso de los dos.
El estudio también desglosó los datos por sexo, y ahí aparecen las cifras más llamativas. En los hombres, dormir poco eleva el riesgo un 16% y dormir mucho un 36%. En las mujeres, dormir poco lo eleva un 14%, pero dormir 8 horas o más lo dispara hasta un 44% (hazard ratio 1,44), la cifra más alta de todo el análisis. Los autores apuntan a diferencias hormonales, en la arquitectura del sueño y en la prevalencia de ciertas condiciones de salud entre sexos como posibles explicaciones, aunque reconocen que hace falta más investigación para confirmarlo.
El motivo no es un único mecanismo, sino varios a la vez. La falta de sueño se ha relacionado con más inflamación, más estrés oxidativo, peor regulación de la glucosa y el colesterol, y una tensión añadida sobre el sistema cardiovascular. El sueño profundo, además, es el momento en el que el cerebro activa su sistema glinfático, el mecanismo que elimina proteínas como la beta amiloide, vinculada al alzhéimer; dormir mal o poco interfiere con esa limpieza. En el caso del sueño excesivo, los propios autores señalan una explicación distinta y menos alarmante de lo que parece a primera vista: dormir mucho puede ser, en muchos casos, una señal (no la causa) de una enfermedad ya presente pero aún no diagnosticada.
Ese matiz es importante. Se trata de un metaanálisis de estudios observacionales, no de ensayos clínicos que asignen al azar cuánto duerme cada participante, así que no puede probar causalidad en ningún sentido. Los propios autores señalan que la heterogeneidad entre estudios fue muy alta en el grupo de sueño largo (I2 del 92%, frente al 51% en sueño corto), y que la relación entre dormir mucho y morir antes podría explicarse, al menos en parte, por causalidad inversa: no es que dormir 9 horas mate, sino que estar enfermo hace dormir más. La mayoría de los estudios incluidos, además, midió el sueño mediante cuestionarios autoinformados, no con sensores objetivos, lo que añade otra fuente posible de error.
Con esas cautelas, el mensaje central se mantiene: la franja de 7 a 8 horas de sueño sigue siendo, según la evidencia acumulada hasta ahora, la asociada a menor riesgo de mortalidad, y tanto quedarse corto como pasarse merece la misma atención en las políticas de salud pública, no solo el extremo de dormir poco.
Fuente: Ungvari Z, Fekete M, Varga P, et al. «Imbalanced sleep increases mortality risk by 14-34%: a meta-analysis.» GeroScience, 2025. Acceso abierto (CC BY 4.0). DOI: 10.1007/s11357-025-01592-y. PMID: 40072785.

