Beber con moderación podría reducir tu riesgo de alzhéimer, según el mayor metaanálisis hecho hasta la fecha sobre alcohol y demencia

El vino en la cena, la cerveza del viernes, la copa que se sirve “solo para brindar”. El alcohol lleva siglos instalado en la vida social de medio planeta, y también siglos generando la misma pregunta incómoda: ¿cuánto es demasiado, y existe siquiera una cantidad que sea segura para el cerebro? Un equipo de investigadores del Hospital Afiliado de la Universidad de Medicina China Tradicional de Heilongjiang (China) ha publicado en Internal Medicine Journal el metaanálisis más completo hecho hasta la fecha sobre alcohol y riesgo de demencia, y la respuesta que ofrece no es un simple “sí” o “no”.

El estudio reunió a 21 investigaciones y casi 24,2 millones de personas. Los autores rastrearon PubMed, Embase, Cochrane Library y Web of Science en busca de estudios publicados entre 1992 y 2024 que relacionaran el consumo de alcohol con el riesgo de desarrollar demencia. El resultado final combinó 21 estudios (19 de cohortes y 2 de casos y controles) realizados en 14 países de Europa, Norteamérica, Asia y Oceanía, con 24.191.921 participantes en total (10.563.581 hombres y 13.628.340 mujeres) y 1.233.833 casos de demencia registrados. Pocas veces un metaanálisis sobre este tema ha manejado un volumen de datos tan grande.

Visto en conjunto, el alcohol no parece alterar el riesgo de demencia. Cuando los investigadores compararon a bebedores de cualquier tipo frente a no bebedores sin distinguir cantidades, no encontraron una asociación estadísticamente significativa ni para la demencia por cualquier causa (riesgo relativo, RR, de 1,03), ni para el alzhéimer (RR 0,97), ni para la demencia vascular (RR 1,09) ni para otros tipos de demencia (RR 0,62). A primera vista, parecería que el alcohol es irrelevante para la salud cerebral. Pero esa conclusión general escondía algo mucho más interesante que solo apareció al separar a los bebedores por la cantidad que realmente consumían.

Beber con moderación se asoció con menos alzhéimer y menos demencia en general. Al dividir a los participantes en bebedores ligeros o moderados (menos de tres bebidas al día, o menos de 49,9 gramos de alcohol puro diarios), bebedores intensos (tres o más bebidas al día, o 50 gramos o más) y personas con trastorno por consumo de alcohol, el patrón cambió por completo. Los bebedores ligeros o moderados mostraron un riesgo un 12% menor de demencia por cualquier causa (RR 0,88) y un 12% menor de alzhéimer (RR 0,88) frente a quienes no bebían. La demencia vascular, en cambio, no mostró una relación clara con este nivel de consumo (RR 0,96).

El consumo intenso, en el extremo opuesto, disparó el riesgo de todos los tipos de demencia. Los bebedores intensos tuvieron un riesgo un 18% mayor de demencia por cualquier causa (RR 1,18), un 29% mayor de alzhéimer (RR 1,29) y un 25% mayor de demencia vascular (RR 1,25). Y quienes cumplían los criterios de un trastorno por consumo de alcohol (dependencia o consumo peligroso mantenido en el tiempo) presentaron un riesgo más de tres veces mayor de demencia por cualquier causa (RR 3,35), la cifra más alta de todo el análisis.

El beneficio de la moderación fue especialmente marcado en Europa y entre los 60 y los 69 años. Al analizar solo a los bebedores ligeros o moderados por regiones y grupos de edad, Europa destacó con una reducción del 16% en el riesgo de demencia por cualquier causa y del 41% en alzhéimer. Por edades, el grupo de 60 a 69 años mostró la protección más fuerte, con un 30% menos de riesgo de demencia general y un 32% menos de alzhéimer. Los autores apuntan a que el consumo de alcohol y sus patrones culturales varían mucho según la región (Europa concentra algunos de los niveles de consumo más altos del mundo) y que el perfil de riesgo cambia con la edad: los bebedores más jóvenes acumulan más riesgo por accidentes y lesiones, mientras que en edades más avanzadas pesa más el riesgo cardiovascular, que el alcohol en dosis bajas parece modular.

¿Por qué una copa podría ayudar y una botella entera podría perjudicar? Los propios autores describen una relación en forma de U o de J: el riesgo más bajo se concentra en el consumo ligero o moderado, mientras que tanto la abstinencia total como el consumo excesivo aparecen asociados a un riesgo mayor. Estudios previos sugieren que el consumo moderado podría aumentar el volumen cerebral total, reducir las lesiones de la sustancia blanca y los infartos cerebrales silentes, mejorar el perfil de lípidos en sangre y reducir marcadores de inflamación, todo lo cual podría proteger frente al deterioro cognitivo. El consumo intenso y prolongado, en cambio, provoca un daño cerebral bien documentado: el déficit de tiamina y los efectos neurotóxicos directos del etanol y del acetaldehído dañan las neuronas con el tiempo.

El matiz importante: esto son datos observacionales, no un ensayo que demuestre causalidad. Los propios autores insisten en que buena parte de las personas que no beben en absoluto incluyen a exbebedores que dejaron el alcohol precisamente porque ya tenían problemas de salud, lo que puede inflar artificialmente el riesgo aparente de la abstinencia (un sesgo conocido como causalidad inversa). Además, los estudios usaban diferentes definiciones de “una bebida estándar” según el país (8 gramos de alcohol en Reino Unido, 10 en Australia, 14 en Estados Unidos), lo que introduce cierta imprecisión al comparar cantidades entre estudios, y casi todos dependían de que los propios participantes declararan cuánto bebían, un método siempre susceptible al recuerdo impreciso o la infradeclaración.

El propio equipo advierte de que esto no es una invitación a empezar a beber. Los autores subrayan que, aunque el consumo ligero o moderado se asoció a menor riesgo de demencia, el alcohol sigue estando vinculado a más de 200 enfermedades, incluyendo varios tipos de cáncer, cuyo riesgo puede aumentar incluso con una sola bebida al día. Su conclusión es explícita en este punto: quienes no beben no deberían empezar a hacerlo esperando proteger su cerebro, y quienes ya beben de forma intensa o presentan signos de dependencia tienen en la demencia un motivo más, y de peso, para reducir el consumo.

Fuente: Zhang R, Li B, Miao Y. “Alcohol consumption and risk of dementia: a systematic review and meta-analysis.” Internal Medicine Journal, 2025. DOI: 10.1111/imj.70288.