¿Cuántas rebanadas de pan integral harían falta para comprarte unos años extra de vida? Es, en esencia, la pregunta que se propuso responder una de las revisiones más grandes hechas sobre este tema, que combinó datos de 45 estudios prospectivos y 64 publicaciones distintas, con seguimientos que suman millones de años persona en varios países.
Tres raciones al día es la cifra que se repite una y otra vez. Por cada 90 gramos extra de cereales integrales al día, más o menos dos rebanadas de pan integral y un bol de cereales integrales, o una ración y media de pan de pita integral, los investigadores encontraron un 19% menos de riesgo de enfermedad coronaria (riesgo relativo de 0,81), un 22% menos de riesgo de enfermedad cardiovascular en general (0,78) y una caída más pequeña y estadísticamente dudosa del 12% en el riesgo de ictus (0,88, con un intervalo de confianza que rozaba el límite de no tener efecto).
El beneficio no se quedó solo en el corazón. Quienes más cereales integrales comían también tenían un 17% menos de riesgo de morir por cualquier causa (0,83), un 15% menos de riesgo de morir por cáncer (0,85), un 22% menos de riesgo de morir por enfermedad respiratoria (0,78) y un 26% menos de riesgo de morir por una infección (0,74), todo por cada 90 gramos diarios de más.
No todas las relaciones aguantaron el escrutinio estadístico. En muertes por diabetes, el riesgo relativo cayó hasta 0,49, pero con solo 4 estudios y un intervalo de confianza que llegaba hasta 1,05, esa reducción no se puede dar por segura. Y en muertes por enfermedad neurológica, con solo 2 estudios disponibles, el resultado (1,15, de 0,66 a 2,02) no mostró ningún patrón claro, si acaso apuntando en la dirección contraria. Los propios autores señalan que hace falta más información antes de tratarlo como un hallazgo establecido.
Comer más no siguió mejorando las cosas sin límite. El beneficio siguió acumulándose hasta una ingesta de entre 210 y 225 gramos al día, siete u ocho raciones, para la mayoría de los resultados. A partir de ahí, comer todavía más cereales integrales no pareció reducir más el riesgo, lo que sugiere un techo antes que una línea recta sin fin.
No todos los cereales pesaron lo mismo en la balanza. El pan integral, los cereales de desayuno integrales y el salvado añadido se relacionaron cada uno por separado con menos riesgo cardiovascular y de muerte por cualquier causa, mientras que los cereales refinados, el arroz blanco, el arroz en general y el total de cereales, que incluye los refinados, apenas mostraron relación alguna. Es la parte integral del cereal la que parece importar, no comer cereales en general.
Nada de esto demuestra que el pan y los cereales, por sí solos, alarguen la vida. Los 45 estudios son observacionales, es decir, muestran una correlación y no un experimento controlado. Quien come más cereales integrales suele también hacer más ejercicio, fumar menos y llevar una dieta más sana en general, y aunque los investigadores ajustaron estadísticamente por muchos de esos factores, no se puede descartar del todo que parte del efecto se deba a ellos. Aun así, la coherencia entre casi cuatro decenas de estudios independientes, y el patrón claro de dosis respuesta, es difícil de explicar solo por casualidad.
Fuente: Aune D, Keum N, Giovannucci E, Fadnes LT, Boffetta P, Greenwood DC, Tonstad S, Vatten LJ, Riboli E, Norat T. Whole grain consumption and risk of cardiovascular disease, cancer, and all cause and cause specific mortality: systematic review and dose-response meta-analysis of prospective studies. BMJ. 2016;353:i2716. DOI: 10.1136/bmj.i2716.








