¿Más magnesio es siempre mejor para el cerebro? Un equipo de la Universidad de Massachusetts Lowell y la Universidad de Tufts acaba de reunir todo lo publicado sobre magnesio y salud cognitiva en adultos, y la respuesta se parece mucho más a una ventana estrecha que a una puerta abierta.
La zona segura de magnesio en sangre resultó ser sorprendentemente pequeña. Los investigadores combinaron cinco estudios de cohortes que midieron el magnesio en sangre, con población de Estados Unidos, Dinamarca y Países Bajos, algunos con más de 100.000 participantes. Las personas con un magnesio sérico alrededor de 0,85 milimoles por litro tuvieron el menor riesgo de demencia o deterioro cognitivo. Por debajo de 0,75 mmol/l, ese riesgo subía un 43 por ciento. Por encima de 0,95 mmol/l, subía un 30 por ciento. Los dos extremos, tanto poco como demasiado, se asociaron con peores resultados, dibujando una curva claramente en forma de U en vez de una línea recta donde más siempre es mejor.
El magnesio de la dieta cuenta una historia más confusa. Seis cohortes analizaron cuánto magnesio comía realmente la gente, con ingestas diarias que iban de 116 a 508 miligramos según la población estudiada. Dos análisis del mismo estudio japonés de larga duración, el Hisayama Study, encontraron el menor riesgo de demencia alrededor de los 180 miligramos al día, de nuevo un punto intermedio y no un extremo. Pero una cohorte de Shanghái encontró el patrón contrario, con más magnesio en la dieta ligado a más riesgo de demencia, mientras que los datos del UK Biobank y del Women’s Health Initiative Memory Study no encontraron ninguna relación clara en ningún sentido. Al combinar todos los números, apareció el indicio matemático de una forma de U parecida, con un posible punto óptimo cerca de los 240 miligramos al día, pero se quedó justo por debajo de la significación estadística habitual.
Los suplementos apenas tienen ensayos reales detrás. Solo tres ensayos aleatorizados pequeños han probado pastillas de magnesio frente a placebo para medir efectos cognitivos, y los resultados se dividen a la mitad. Uno, en pacientes con cáncer de mama, no encontró ningún beneficio. Otro, integrado dentro de un estudio de prevención de cáncer colorrectal, sí encontró una mejora real en las puntuaciones cognitivas de los mayores de 65 años, un efecto que los investigadores relacionaron en parte con cambios en la metilación del ADN cerca de un gen asociado al riesgo de alzhéimer. Un tercer ensayo, pequeño y corto, encontró un beneficio de memoria en personas con cirrosis hepática. Tres ensayos son claramente insuficientes para sacar una conclusión firme en ningún sentido.
Nada de esto demuestra que el nivel de magnesio provoque los cambios en el riesgo de demencia. Todos los estudios detrás de la curva en forma de U son observacionales, lo que significa que las personas con niveles inusuales de magnesio en sangre podrían diferir del resto en aspectos que los investigadores no pueden controlar del todo, desde la función renal hasta la calidad general de la dieta o enfermedades de base que a su vez alteran el magnesio. Los propios autores son explícitos: su confianza en los hallazgos sobre magnesio en sangre es solo moderada, y la evidencia sobre la ingesta dietética queda calificada como baja, en buena parte porque los estudios se contradicen entre sí. Lo que la revisión sí respalda es que el estado del magnesio probablemente importa para el envejecimiento cerebral, pero tratar un bote de suplementos como un atajo garantizado hacia una memoria más aguda se adelanta a lo que los datos pueden mostrar por ahora.
El hallazgo es de Fan Chen, Katherine L. Tucker y su equipo, publicado como «Magnesium and Cognitive Health in Adults: A Systematic Review and Meta-Analysis» en Advances in Nutrition (2024). DOI: 10.1016/j.advnut.2024.100272.








