Un tazón de fruta en el desayuno. Verdura como acompañamiento en la cena. Ese hábito pequeño y aparentemente poco llamativo se relacionó con muchas menos probabilidades de sufrir sibilancias al respirar entre más de 7.600 niños y adolescentes encuestados en el centro de Irán, según un nuevo estudio publicado en la revista Journal of Health, Population and Nutrition.
La relación entre el consumo de fruta y verdura y el asma lleva años generando resultados contradictorios entre los investigadores. Estudios anteriores, realizados sobre todo en países ricos, han arrojado conclusiones enfrentadas: unos encontraron que comer más fruta protegía a los niños frente a las sibilancias, otros no hallaron ningún efecto una vez ajustados los factores de confusión. La nueva investigación, parte de la Global Asthma Network, quiso comprobar si el mismo patrón se repetía en una población con una dieta muy distinta a la habitualmente estudiada.
Los niños que comían fruta y verdura a diario tenían muchas menos sibilancias. Los investigadores encuestaron a 7.667 niños de 6 a 7 años y adolescentes de 13 a 14 años en Yazd, una ciudad del centro de Irán, mediante cuestionarios validados de frecuencia alimentaria y las mismas herramientas de cribado de asma que se usan en estudios internacionales (ISAAC/GAN). Tras ajustar por edad, sexo, índice de masa corporal y tiempo de pantalla, los niños que comían fruta la mayoría de los días o todos los días tenían un 37% menos de probabilidades de haber sufrido sibilancias en los últimos doce meses que quienes casi nunca la comían (OR = 0,63; IC del 95%: 0,42-0,94). Los que comían verdura con regularidad presentaban un patrón similar, con un 38% menos de probabilidades (OR = 0,62; IC del 95%: 0,48-0,80). Los niños que combinaban ambos hábitos mostraban el efecto más fuerte: un 50% menos de probabilidades de sibilancias (OR = 0,50; IC del 95%: 0,31-0,82).
Pero la fotografía completa es más matizada que un solo titular. A pesar de esa caída en las sibilancias, los mismos niños no mostraron diferencias significativas ni en el diagnóstico de asma confirmado por un médico ni en el uso de medicación para la enfermedad. Es decir, la fruta y la verdura parecían aliviar un síntoma respiratorio concreto sin cambiar el cuadro clínico general de la enfermedad. Los autores señalan como explicación biológica más probable los antioxidantes como las vitaminas C y E, los flavonoides y los carotenoides, compuestos que ayudan a calmar la inflamación de las vías respiratorias y el estrés oxidativo, dos procesos muy ligados a los síntomas del asma, sin alterar necesariamente el diagnóstico de fondo.
Correlación, no una prueba definitiva, y los propios autores lo reconocen. El estudio es transversal, es decir, capturó una sola fotografía en el tiempo en vez de seguir a los niños durante años. Ese diseño no permite afirmar que comer más fruta y verdura provoque menos sibilancias, solo que ambas cosas van juntas desde el punto de vista estadístico. La dieta también se midió mediante cuestionarios autodeclarados, un método propenso a sesgos de memoria, y los investigadores no pudieron controlar factores como la contaminación del aire o el humo del tabaco en el hogar, ambos relacionados con el riesgo de asma. Los propios autores piden ensayos aleatorizados que confirmen la relación.
Aun así, el hallazgo encaja con un cuerpo de evidencia más amplio. Un metaanálisis relacionado que citan los propios autores, con datos de más de 40 estudios, encontró que un consumo alto de fruta y verdura se asociaba con una reducción modesta pero constante de entre el 9% y el 10% en el riesgo de asma infantil en general. Combinado con estudios sobre la fibra, los antioxidantes y el microbioma intestinal, el nuevo dato refuerza las recomendaciones de salud pública que ya piden más fruta y verdura para los niños, aunque las sibilancias en concreto no sean el motivo que más suelen escuchar los padres.
El estudio, «The association between fruit and vegetable intake and the odds of asthma among children and adolescents», fue realizado por Kimia Rostampour y su equipo y publicado en la revista Journal of Health, Population and Nutrition (DOI: 10.1186/s41043-025-00820-7).








