5 de septiembre de 2026
Salud

Las próstatas sanas acumulan zinc. Las cancerosas, no.

Las próstatas sanas acumulan zinc. Las cancerosas, no.

Diez veces. Es, aproximadamente, cuánto más zinc acumula una próstata sana en comparación con casi cualquier otro tejido del cuerpo humano, una peculiaridad que los investigadores conocen desde hace décadas. Una revisión sistemática y metaanálisis que reúne datos de 52 estudios y más de 163.000 personas acaba de poner cifras a lo que ocurre con esa reserva cuando aparece el cáncer de próstata.

El patrón se repite en casi todas las muestras que los investigadores revisaron. Los hombres con cáncer de próstata mostraron niveles de zinc significativamente más bajos en sangre, en cabello y directamente en el tejido o líquido prostático, este último con la caída más pronunciada de todas. Los niveles de zinc en las uñas, en cambio, no mostraron diferencias relevantes entre quienes tenían la enfermedad y los controles sanos, y tampoco la cantidad de zinc que las personas declaraban consumir en la dieta o en suplementos.

Ese último dato complica la conclusión más obvia. Si la ingesta de zinc parecía prácticamente idéntica entre ambos grupos mientras el zinc en los tejidos divergía con tanta fuerza, es poco probable que el mineral que falta sea simplemente algo que la gente no come lo suficiente. Los investigadores apuntan en cambio a una historia biológica más concreta: las células prostáticas sanas producen citrato y retienen zinc para hacerlo, mientras que las células que se vuelven malignas cambian a oxidar el citrato, perdiendo aparentemente su capacidad de retener zinc por el camino.

El papel del zinc dentro de una próstata sana va mucho más allá de servir de almacén. En las células que aún lo conservan, el zinc se ha relacionado con el bloqueo de la proliferación descontrolada, con desencadenar la muerte celular programada a través de vías que implican enzimas caspasa, y con interferir en las señales que los tumores usan para generar nuevos vasos sanguíneos y propagarse. En cuanto una célula pierde la capacidad de retener zinc, varios de esos mecanismos protectores parecen apagarse con ella.

Nada de esto resuelve si tomar suplementos ayudaría. El panorama de los estudios sobre dosis es genuinamente contradictorio. Una gran cohorte que siguió a profesionales sanitarios durante 14 años encontró que los hombres que tomaban 100 miligramos o más de zinc suplementario al día tenían más del doble de riesgo de cáncer de próstata frente a quienes no lo tomaban, mientras que otros datos a largo plazo vincularon la suplementación de zinc muy alta y prolongada con un riesgo elevado específicamente de la enfermedad letal. Los investigadores de esta revisión son explícitos: sus hallazgos describen una asociación observada en los tejidos, no una prueba de que aumentar la ingesta de zinc prevenga o trate la enfermedad.

La heterogeneidad entre los 52 estudios agrupados fue considerable, y los propios autores lo señalan. Los métodos de muestreo variaron mucho, desde extracciones de sangre hasta mechones de cabello y técnicas de imagen por láser sobre tejido prostático, y el equipo no pudo explicar del todo por qué los resultados diferían tanto entre estudios, ni descartar por completo un sesgo de publicación en los resultados de sangre y cabello en particular.

El estudio, «The Association Between Zinc and Prostate Cancer Development: A Systematic Review and Meta-Analysis», fue realizado por Shahrzad Shahrokhi Nejad, Zahra Golzari, Moein Zangiabadian, Amir Abbas Salehi Amniyeh Khozani, Rasoul Ebrahimi, Seyed Aria Nejadghaderi y Azadeh Aletaha, y publicado en PLOS ONE en marzo de 2024. DOI: 10.1371/journal.pone.0299398.

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