Por: Redacción NexoScience
Trasplantar heces de un donante sano suena a la clase de tratamiento que solo existe en titulares sensacionalistas, pero es una terapia real, ya aprobada para ciertas infecciones intestinales, y que en los últimos años se ha empezado a probar contra enfermedades mucho más inesperadas, entre ellas el Parkinson. Un nuevo metaanálisis, publicado en la revista Revista de Neurología, ha revisado toda la evidencia científica disponible hasta ahora sobre esta idea. Y el resultado invita a la cautela.
Por qué alguien pensaría en trasplantar heces para tratar el Parkinson. La conexión no es tan descabellada como parece. Cada vez hay más pruebas de que el Parkinson está relacionado con el llamado eje intestino-cerebro, la comunicación constante entre las bacterias que viven en nuestro intestino y el sistema nervioso. Las personas con Parkinson suelen tener una microbiota intestinal distinta a la del resto de la población, con menos bacterias beneficiosas y más inflamación. De ahí surgió la idea de que reponer esas bacterias buenas mediante un trasplante fecal (tomar heces de un donante sano y trasplantarlas al intestino del paciente) podría frenar o mejorar los síntomas de la enfermedad.
Qué analizó exactamente este estudio. Un equipo de investigadores del Hospital Central de Loudi, en China, revisó de forma sistemática, siguiendo el protocolo internacional PRISMA y con registro previo en la base de datos PROSPERO, todos los ensayos clínicos aleatorizados publicados hasta septiembre de 2025 que probaron el trasplante fecal en pacientes con Parkinson. Encontraron solo cinco ensayos que cumplían los criterios de calidad necesarios, con un total de 226 participantes: 119 recibieron el trasplante real y 107 un placebo o el cuidado convencional.
Los resultados no muestran una mejora significativa. Los investigadores midieron los síntomas motores, las actividades de la vida diaria y las capacidades cognitivas de los pacientes usando las escalas médicas estándar (la MDS-UPDRS para síntomas motores, y las pruebas MoCA y MMSE para la función cognitiva). En ninguno de estos aspectos, ni a las 4, 12 ni 24 semanas de seguimiento, el grupo que recibió el trasplante fecal mejoró de forma estadísticamente significativa frente al grupo de control.
Hay un matiz que vale la pena señalar. En la puntuación de actividades de la vida diaria a las 12 semanas, los pacientes trasplantados mostraron una tendencia a la mejora que rozó, sin llegar a cruzar, el umbral habitual de significación estadística. Los propios autores lo describen como un resultado que invita a un optimismo cauteloso, no como una prueba de que el tratamiento funcione.
Esto no significa que el trasplante fecal sea un fracaso. Los autores insisten en que estos resultados negativos probablemente reflejan lo temprano que está este campo de investigación, no que la idea en sí no tenga futuro. Solo existen cinco ensayos, con muestras pequeñas, protocolos muy distintos entre sí (unos usaban heces congeladas y otros frescas, unos las administraban por colonoscopia y otros en cápsulas) y periodos de seguimiento demasiado cortos para detectar cambios que podrían tardar más tiempo en aparecer. Lo que sí quedó claro es que el procedimiento resultó seguro para los pacientes.
Qué significa esto para el lector de a pie. Si has visto hablar del trasplante fecal como una posible cura milagrosa para el Parkinson en redes sociales, esta revisión científica es un buen recordatorio de cómo funciona realmente la ciencia: con cautela, sin atajos y sin dejarse llevar por el entusiasmo antes de tiempo. De momento, la evidencia disponible no respalda su uso como tratamiento eficaz contra los síntomas del Parkinson, aunque tampoco lo descarta del todo. Hacen falta ensayos más grandes y con seguimientos más largos para saber si esta terapia tiene realmente algo que ofrecer.
Sobre este artículo
Esta pieza está basada en el estudio científico «Systematic Review and Meta-Analysis of the Efficacy of Fecal Microbiota Transplantation in Parkinson’s Disease: An Exploration Based on UPDRS and Cognitive Scores», firmado por Benyao Liang y su equipo del Hospital Central de Loudi (China), publicado el 26 de junio de 2026 en la revista Revista de Neurología, de acceso abierto bajo licencia CC BY 4.0. DOI: 10.31083/RN50106.


