No todos los corales se blanquean igual durante la misma ola de calor, y ese detalle tozudo se acaba de convertir en la mejor esperanza para los arrecifes. Un equipo de biólogos marinos que trabaja en Palaos ha demostrado, por primera vez en colonias de coral adultas y reproductivamente maduras, que la tolerancia al calor se puede transmitir de padres a hijos, y que criar corales seleccionando ese rasgo funciona de verdad.
La idea lleva años flotando en la ciencia, pero nadie la había probado en corales adultos. Las olas de calor marinas golpean los arrecifes cada vez con más frecuencia, durante más tiempo y con menos margen de recuperación entre un episodio y el siguiente. Los científicos han propuesto la «evolución asistida,» cruzar corales de forma selectiva igual que los agricultores cruzan trigo resistente a la sequía o abetos tolerantes al frío, como una herramienta más para ayudar a los arrecifes a mantener el ritmo. Que funcionara o no dependia de una pregunta sin responder: ¿es realmente hereditaria la tolerancia al calor en los corales, o depende sobre todo de la suerte y de las condiciones locales?
Para averiguarlo, investigadores del Centro Internacional de Arrecifes de Coral de Palaos pusieron a prueba Acropora digitifera, un coral constructor de arrecifes muy común, frente a dos tipos de ola de calor simulada: un pico intenso de una semana con 3,5°C por encima de lo normal, y una subida más suave y prolongada de un mes con 2,5°C de más. Clasificaron las colonias según su capacidad de supervivencia, cruzaron a las más resistentes entre sí y a las más frágiles entre sí, siete colonias progenitoras por grupo, y criaron a la descendencia durante tres o cuatro años hasta que llegaron a ser adultos.
La apuesta salió bien. La descendencia de dos progenitores tolerantes al calor resistió aproximadamente un grado-semana más de estrés térmico que la descendencia de dos progenitores sensibles al calor, una ventaja pequeña pero real. La heredabilidad en sentido estricto de la tolerancia al calor (en esencia, qué parte de la variación de ese rasgo se transmite genéticamente de padres a hijos) resultó ser de 0,29 para las olas de calor cortas y 0,23 para las largas. Dicho de forma sencilla, entre una cuarta parte y un tercio de la capacidad de un coral para sobrevivir a una ola de calor viene de sus progenitores, no solo del azar o de su parcela concreta de arrecife.
Hay un matiz importante. Criar corales para resistir un pico de calor corto e intenso no mejoró en nada su capacidad para resistir una ola de calor larga y prolongada. Ambos rasgos no mostraron una correlación genética significativa, lo que significa que un coral criado para aguantar una semana de calor extremo podría igualmente morir durante una ola de calor de un mes, que es precisamente el tipo que devasta los arrecifes reales. Esto importa porque las pruebas de estrés térmico cortas son la forma rápida y barata de evaluar corales en el laboratorio, mientras que las pruebas largas, de escala mensual, que son las que de verdad importan para los arrecifes reales, resultan caras y difíciles de escalar.
Los investigadores también son honestos sobre los límites de lo que encontraron. Como criar y llevar corales hasta la madurez reproductiva lleva años, no pudieron repetir el experimento en varias generaciones ni poblaciones, así que no pueden descartar del todo que parte de la diferencia entre grupos se deba a la deriva genética aleatoria y no a la selección en sí. Y la magnitud de la mejora medida, alrededor de un grado-semana, es modesta frente al ritmo de calentamiento oceánico previsto para las próximas décadas.
Nada de esto convierte el hallazgo en una decepción. Es la primera prueba sólida de que la tolerancia al calor de los corales adultos es lo bastante hereditaria como para que valga la pena apostar por la cría selectiva a gran escala, no solo en teoría. Los autores son cuidadosos al plantearla como una herramienta más entre varias, no como una solución milagrosa. Como ellos mismos señalan, cualquier beneficio real de criar corales más resistentes solo se sostiene si además se combaten otros factores de estrés locales, como la contaminación y la sobrepesca, y si el mundo reduce las emisiones de carbono lo bastante rápido como para que los arrecifes no tengan que ganarle la carrera evolutiva a un océano que se calienta.
Estudio: Humanes A, Lachs L, Beauchamp E, et al. «La cría selectiva mejora la tolerancia al calor de los corales frente a las olas de calor marinas» (Selective breeding enhances coral heat tolerance to marine heatwaves). Nature Communications, 2024. DOI: 10.1038/s41467-024-52895-1.








