Son las ocho y media de una mañana de enero en Vancouver. Hay niños con mochila esperando el autobús, coches con los faros encendidos y ni rastro de sol. Con el horario que la Columbia Británica adoptó en marzo de 2026, esa escena no es una mala mañana suelta. Es todo el invierno. El día de Año Nuevo el sol no saldría hasta las 9:08, una hora más tarde que las 8:08 que daría el horario de invierno.
Entonces, ¿qué conviene más a la salud, el horario de invierno o el de verano? Cuatro investigadores canadienses revisaron las pruebas en un análisis publicado en octubre de 2026 en la revista Canadian Medical Association Journal (CMAJ), y su respuesta es clara: si se deja de cambiar la hora, el horario de invierno todo el año es la mejor opción para la salud, porque conserva la luz de la mañana, la que pone en hora el reloj biológico. El horario de verano permanente regala tardes más largas. A cambio, deja mañanas de invierno más oscuras, peor sueño y más presión sobre el ánimo.
El debate ya no es de laboratorio. El Yukón pasó al horario de verano permanente en 2020. La Columbia Británica lo hizo en marzo de 2026, y Alberta y los Territorios del Noroeste un mes después. En julio de 2026, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó una ley para fijar el horario de verano en todo el país, que ahora espera en el Senado. Los autores, encabezados por Raymond Lam, apenas discuten si hay que acabar con el cambio de hora de dos veces al año. La mayoría de las revisiones recientes ya dicen que el adelanto de primavera hace daño, desde el sueño perdido hasta un repunte breve de accidentes. Su pregunta es qué viene después. Todas las grandes sociedades de medicina del sueño y de cronobiología, recuerdan, piden quedarse con el horario de invierno.
Horario de invierno vs horario de verano permanente
El nombre engaña un poco. El horario de verano no ahorra luz, señalan los autores. Solo la corre una hora en el reloj. Con el horario de verano fijo, anochece más tarde todo el año, y eso ayuda a volver del trabajo con luz, a hacer deporte o a ir de tiendas. Pero también amanece más tarde, y en invierno mucha gente se levanta y sale hacia el colegio o el trabajo de noche. El horario de invierno da la vuelta al trato. En Toronto, el amanecer más tardío del invierno sería a las 7:51 y no a las 8:51. El precio es que oscurece antes: en los días más cortos, hacia las 16:41.
La geografía enreda las etiquetas. En teoría, un huso horario debería poner el sol en lo más alto hacia el mediodía. En la práctica, los husos de Canadá siguen fronteras, comercio y transporte. El huso del Este es tan ancho en Ontario y Quebec que los pueblos de un extremo y del otro viven mañanas muy distintas. Saskatchewan usa desde 1966 lo que oficialmente se llama hora estándar del Centro, pero buena parte de la provincia está más cerca de la hora de la Montaña, así que en términos solares ya vive casi en horario de verano. La latitud también cuenta. Cerca de los polos y del ecuador, una hora arriba o abajo apenas cambia el día a día. Donde más se nota es en las latitudes medias, donde vive la mayoría de los canadienses. Por eso lo que pasa en el Yukón dice poco sobre Toronto.
Cómo afecta el cambio de hora a la salud y al ánimo
El reloj interno va un poco lento. El reloj maestro del cuerpo, en una zona del cerebro llamada hipotálamo, tarda unas 24,2 horas en completar una vuelta. Es como un reloj de pulsera que atrasa unos minutos cada día y hay que ajustar cada mañana. La luz del día hace ese ajuste. La luz de la mañana lo adelanta. La de la tarde lo retrasa. Un cuerpo que recibe la luz tarde se va quedando detrás de la hora oficial.
La vida moderna ya inclina la balanza. Pasamos casi todo el día bajo techo y, por la noche, frente a lámparas y pantallas. El resultado es lo que los investigadores llaman «jet lag social», el desfase entre la hora a la que el cuerpo quiere despertarse y la que marcan el colegio o el trabajo. Los estudios observacionales lo relacionan con dormir poco, peor salud mental, riesgo metabólico y dificultad para concentrarse. Aquí está la clave: el horario de verano fijo lo empeora en invierno por los dos lados, con mañanas más oscuras y tardes con más luz. Los investigadores del sueño llevan años acumulando pruebas, incluido el trabajo sobre lo que el sueño REM dice del riesgo de enfermar.
La depresión de invierno es lo que más preocupa. El trastorno afectivo estacional, una depresión que vuelve cada invierno, afecta a entre el 1% y el 3% de la población de Canadá, y hasta un 15% sufre una versión más leve, con poca energía, más horas de sueño y más hambre. La explicación principal es un reloj biológico que se retrasa. El tratamiento de referencia es luz intensa a primera hora, que lo devuelve a su sitio. El horario de verano permanente hace justo lo contrario: quita luz de la mañana a quien más la necesita.
Los mapas cuentan lo mismo. La depresión estacional es más frecuente cuanto más al norte, donde amanece más tarde en invierno. Quien vive en el borde oeste de un huso horario, donde el sol sale más tarde según el reloj, también la sufre más que quien vive en el borde este. En los datos por condados de Estados Unidos, el oeste de los husos llegó a sumar dos muertes por suicidio más por cada 100.000 habitantes al año que el este. Estos «efectos del borde oeste», escriben los autores, se parecen a lo que haría el horario de verano permanente. Un estudio de modelos de 2025 que citan concluyó que las dos opciones fijas son mejores que cambiar la hora, pero que la ganancia en salud del horario de verano era un tercio menor que la del de invierno.
El sueño, el sueldo y las notas siguen al atardecer. Un estudio en Estados Unidos vio que cada hora de atardecer más tardío recorta casi una hora de sueño a la semana y alrededor de un 5% de los ingresos a largo plazo, con resultados parecidos en Alemania. En Florida, los adolescentes de colegios situados a ambos lados de una frontera horaria que tenían una hora más de sol antes de clase sacaban mejores notas en matemáticas y lectura, una mejora que los autores comparan con reducir de forma notable el tamaño de las clases. Las tardes también tienen su lado bueno. Anochecer más tarde favorece el juego al aire libre, la vida social y algunos comercios, y el paso al horario de invierno en otoño coincide con un bajón del gasto en tiendas. El viejo argumento del ahorro de energía, en cambio, se queda corto.
Quién notaría más las mañanas oscuras de invierno
Los horarios flexibles se llevan la mejor parte. Quien elige sus horas y tiene un parque cerca es quien más disfruta de las tardes largas. Quien entra temprano, tiene un trabajo rígido, lleva a los niños al colegio o cuida de alguien carga con las mañanas a oscuras. También peatones, ciclistas y quien espera el autobús. Los autores señalan que estos grupos son, con más frecuencia, hogares con menos ingresos y minorías, y que las zonas rurales con poca iluminación en la calle suman riesgo.
Los noctámbulos y los adolescentes reciben doble golpe. Las personas de cronotipo vespertino, los «búhos» que tienden a dormir y despertarse tarde, ya pelean con sus horarios en invierno. Los adolescentes funcionan igual durante la pubertad, mientras el colegio sigue empezando temprano. Para ellos, escriben los autores, el horario de verano permanente agravaría el jet lag social, ligado a somnolencia, depresión y peor rendimiento escolar. Quien tiene insomnio o apnea del sueño también podría notarlo más.
Lo que aprendieron otros países con el horario de verano fijo
Estados Unidos ya hizo este experimento. En 1974, en plena crisis del petróleo, el país pasó al horario de verano permanente con mucho apoyo popular. Lo abandonó antes de un año, entre quejas por las mañanas oscuras, niños que iban al colegio antes del amanecer y un ahorro de energía que apenas se notó. El debate reciente en el Congreso, escriben los autores, «parece haber prestado escasa atención a esta historia».
Otros también dieron marcha atrás. Rusia lo adoptó en 2011 y lo revirtió en 2014, cuando creció el enfado en el norte, donde las mañanas de invierno eran aún más largas y oscuras. Chile lo probó en 2015 y lo deshizo por la asistencia escolar y los problemas en el campo, aunque la región de Magallanes, en el extremo sur, lo mantuvo. Casi todo México, además de Japón y Corea del Sur, se queda con el horario de invierno.
Las pruebas tienen huecos, y los autores lo reconocen. Nadie ha hecho un ensayo aleatorizado con husos horarios. Buena parte del argumento se apoya en comparaciones geográficas y experimentos naturales, que dependen de que los vecinos a ambos lados de una frontera se parezcan y que muestran asociaciones, no causas probadas. Los datos sobre las ventajas de la tarde son escasos y en parte no están publicados. El horario de invierno tampoco sale gratis: en verano, el amanecer hacia las cuatro de la mañana en algunas ciudades puede despertar demasiado pronto a algunas personas, y en invierno anochece antes.
Elijan lo que elijan, alguien tiene que medirlo. Si una provincia se queda con el horario de verano, los autores piden mejor alumbrado en las calles, clases que empiecen más tarde, luz más intensa por la mañana en aulas y oficinas, y médicos preparados para más consultas por sueño y ánimo. Con cualquiera de las dos opciones, las provincias deberían vigilar las faltas a clase, las consultas de salud mental, las lesiones y los problemas de corazón, separando los datos por edad, ingresos y lugar de residencia. Como resumen los autores, sin esa vigilancia «una política horaria permanente se convierte en un experimento natural sin un sistema para aprender».
El estudio en breve
- Revista: Canadian Medical Association Journal (CMAJ), octubre de 2026
- Tipo de estudio: Análisis que revisa la investigación sobre sueño, reloj biológico, ánimo, economía y la experiencia de otros países
- Muestra: Estudios publicados y horas de amanecer y atardecer de seis ciudades canadienses con cada opción fija
- Hallazgo principal: El horario de invierno permanente conserva la luz de las mañanas de invierno que necesita el reloj biológico, y el peso de las pruebas de salud lo favorece frente al horario de verano permanente.
- Límites: No recoge datos nuevos, y la mayoría de las pruebas vienen de estudios geográficos y cuasiexperimentales que muestran asociaciones, no causas.
Fuente: Lam, R. W., Mistlberger, R., Baylis, P., Choi, A. «Analysis of health impacts associated with adopting permanent standard time or permanent daylight saving time to inform policy in Canada.» Canadian Medical Association Journal (2026). DOI: 10.1503/cmaj.261089
Este artículo resume investigación científica publicada con fines informativos. No es consejo médico ni sustituye la consulta con un profesional sanitario.








