En 1900 vivían en la Tierra unos 1.600 millones de personas. Hoy somos más de 8.000 millones, y casi todo ese crecimiento no ha ocupado espacio vacío. Ha ocupado terreno que ya era el hogar de animales salvajes.
Un nuevo y amplio análisis global acaba de medir exactamente cuánto va a crecer ese espacio compartido. Publicado en Science Advances, el estudio cruzó datos espaciales de densidad de población humana con las áreas de distribución proyectadas de 22.374 especies de anfibios, aves, mamíferos y reptiles terrestres, y modeló cuánto se solaparían ambas cosas en 2070 bajo 15 combinaciones distintas de crecimiento demográfico y cambio climático.
La cifra principal es contundente. Se prevé que el solapamiento entre humanos y fauna silvestre aumente en el 56,6% de la superficie terrestre del planeta de aquí a 2070, mientras que solo se reducirá en un 11,8%. Casi la mitad de toda la tierra emergida, un 46,5%, va camino de ver ese solapamiento directamente duplicado. Solo en un 6,1% se reducirá a la mitad.
Sería fácil suponer que el cambio climático es el principal culpable, empujando a los animales hacia territorios nuevos donde ya vive gente. Los datos dicen lo contrario. En el 65,1% de las zonas donde el solapamiento crece, el verdadero motor es que la densidad de población humana sube mientras la riqueza de especies local en realidad cae. Los cambios de distribución de la fauna causados por el clima pesan mucho menos. Dicho de otro modo, no son los animales los que se mueven hacia nosotros. Somos nosotros los que no dejamos de expandirnos hacia ellos.
El mapa regional es desigual. África y Sudamérica serán las más afectadas. Alrededor del 70,6% de la superficie de África y el 66,5% de la de Sudamérica verán crecer el solapamiento de aquí a 2070, frente al 38,5% de Norteamérica y el 25,9% de Oceanía. Europa destaca en la dirección contraria, con la mayor proporción de terreno, un 21,4%, donde el solapamiento realmente disminuirá. En total, se espera que 178 países vean crecer el solapamiento en los próximos 50 años.
Los bosques cargan con parte de los costes más altos. Solo en África, se calcula que 9,36 millones de kilómetros cuadrados de bosque ganarán solapamiento, frente a apenas 918.000 kilómetros cuadrados que lo perderán. Pero esos mismos bosques son donde más caerá la riqueza de fauna: la de mamíferos bajará una mediana del 33,4% en los bosques sudamericanos y del 21,3% en los africanos, la de anfibios un 45,4% y la de reptiles un 40% en Sudamérica, y la de aves un 36,8% en Sudamérica y un 26,1% en África. Llega más gente justo cuando menos especies logran quedarse.
Los terrenos agrícolas cuentan una historia parecida, con un matiz muy práctico. Los cultivos que ganan solapamiento están perdiendo a las aves que los protegen. Entre las tierras de cultivo con solapamiento creciente, el 70,2% también perderá especies de aves insectívoras, las mismas que de forma natural mantienen a raya a las plagas. Los pastizales muestran un patrón paralelo con los grandes carnívoros, especies que a veces depredan sobre el ganado: el 56,3% de los pastizales con solapamiento en aumento perderá riqueza de carnívoros en lugar de ganarla.
Las ciudades tampoco se libran. El solapamiento urbano también va a crecer casi en todas partes, en buena medida porque se espera que la densidad humana en las nuevas zonas urbanizadas crezca unas 1,9 veces de aquí a 2070, un ritmo que supera con creces cualquier caída de la riqueza de especies local. Y esto no es solo una cuestión estética. Los depredadores y carroñeros urbanos ayudan a frenar enfermedades como la rabia, el ántrax o la tuberculosis bovina en los entornos donde vive realmente la gente, así que perderlos no es un cambio neutro.
Conviene ser claros sobre lo que una proyección así puede y no puede prometer. El modelo se construye a partir de cambios de distribución ligados al clima y previsiones demográficas combinadas en 15 escenarios distintos, no de un único futuro garantizado, y no tiene en cuenta factores difíciles de prever a escala global, como la destrucción de hábitats, la presión de la caza, los brotes de enfermedades o la ampliación de áreas protegidas. Los propios autores presentan sus cifras como puntos calientes y fríos que conviene vigilar, no como una profecía cerrada.
La conclusión importa menos por una cifra concreta y más por el margen de tiempo que ofrece. Reservar terreno protegido choca a menudo con las necesidades de la gente que vive cerca, pero saber de antemano dónde va a dispararse el solapamiento, ya sea en un bosque africano, un cultivo asiático o una ciudad en pleno crecimiento, da a los planificadores de conservación y a las comunidades locales una oportunidad poco frecuente de prepararse para la convivencia antes de que la masificación llegue de verdad.
Sobre este artículo
Este artículo se basa en el estudio revisado por pares «Global expansion of human-wildlife overlap in the 21st century» («Expansión global del solapamiento entre humanos y fauna silvestre en el siglo XXI»), firmado por Deqiang Ma, Briana Abrahms, Jacob Allgeier, Tim Newbold, Brian C. Weeks y Neil H. Carter, publicado en 2024 en Science Advances, de acceso abierto bajo licencia CC BY. DOI: 10.1126/sciadv.adp7706.








