5 de septiembre de 2026
Espacio

Un ‘asteroide’ que la NASA vigiló durante 27 años resultó ser un cometa

Un ‘asteroide’ que la NASA vigiló durante 27 años resultó ser un cometa

El 26 de agosto de 2025, la antena de radar Goldstone de la NASA en California apuntó a un punto del cielo donde debía estar un asteroide llamado 1998 SH2. No llegó nada. Ni eco, ni señal, nada. El objeto llevaba vigilado desde 1998, con una órbita calculada a partir de 148 observaciones distintas, y durante 27 años se había comportado exactamente como se espera que se comporte un asteroide. Entonces, sencillamente, no estaba donde los cálculos decían que debía estar.

Esa cita fallida resultó ser la primera pista de que 1998 SH2 no es un asteroide en absoluto. Un equipo liderado por Davide Farnocchia, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, publicó en Nature Astronomy el rastreo de la posición real del objeto y descubrió que estaba desviado 153 segundos de arco, una diferencia de 19 sigmas, demasiado grande para ser un simple error de medición. Algo lo estaba desviando.

Los asteroides y los cometas suelen ser fáciles de distinguir. Los cometas desarrollan una cola brillante de gas y polvo al acercarse al Sol, los asteroides no. Pero en los últimos años, los astrónomos han identificado una extraña categoría intermedia. Objetos que no muestran ninguna cola visible, pero que aun así se desvían de su trayectoria prevista solo por gravedad, como si algo invisible los empujara suavemente. Se los conoce informalmente como «cometas oscuros», y hasta ahora solo se habían identificado 14. 1998 SH2, una roca de 380 metros con una superficie inusualmente oscura y poco reflectante, se une a esa lista corta, pero con un matiz. Esta vez, los investigadores lo pillaron con las manos en la masa.

El objeto mide 380 metros de diámetro, y de paso se ha convertido en el cometa más pequeño jamás detectado por radar. Tras el fallo del 26 de agosto, el equipo recalculó la órbita de 1998 SH2 asumiendo un pequeño empujón extra, una aceleración no gravitacional coherente con gas escapando de su superficie. Esa corrección funcionó y permitió capturar el objeto con radar el 2 de septiembre de 2025. Pero la magnitud de ese empujón era diez veces mayor de lo que podían explicar los efectos causados por la luz solar, el llamado efecto Yarkovsky, que empuja sutilmente a cualquier asteroide. La única explicación que quedaba era la desgasificación, hielo que se transforma directamente en gas y escapa desde debajo de la superficie, justo lo que hacen los cometas.

Así que el equipo apuntó algunos de los telescopios más grandes de la Tierra hacia el objeto. El telescopio Canadá-Francia-Hawái, de 3,6 metros, captó una tenue cola de baja luminosidad que se extendía unos 20 segundos de arco. El Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral, de 8 metros, en Chile, lo confirmó con una cola todavía más larga hacia el suroeste. 1998 SH2 llevaba filtrando material al espacio en silencio, tan débilmente que ningún estudio anterior, en 27 años de observaciones, se había dado cuenta.

La cola estaba formada por granos de polvo sorprendentemente grandes, de hasta 600 micrómetros, mucho más grandes que la fina neblina típica de la mayoría de los cometas. El modelado de las trayectorias de esos granos mostró que se liberaron en una ventana corta, entre finales de agosto y principios de septiembre de 2025, semanas después de que el objeto pasara por su punto más cercano al Sol en julio. Ese retraso importa, sugiere que el hielo que se está evaporando se encuentra enterrado bajo la superficie, lo bastante aislado como para que el calor tarde semanas en llegar hasta él, algo parecido a lo medido en el famoso cometa 67P, visitado por la sonda europea Rosetta. La producción de gas de esta actividad se estima en unas 1,2 septillones de moléculas de agua escapando por segundo, suficiente para explicar tanto el cambio de trayectoria como la cola visible, y de sobra para levantar granos de polvo de ese tamaño desde la superficie.

Tras el hallazgo, el Minor Planet Center le dio a 1998 SH2 una identidad doble. Ahora conserva su antigua designación de asteroide y, además, un nuevo nombre de cometa, P/1998 SH2.

Es la primera vez que se descubre un cometa oculto prediciéndolo primero matemáticamente y confirmándolo después con un telescopio, en vez del orden habitual, al revés. Ese orden importa, porque existen unos 2000 objetos cercanos a la Tierra conocidos que comparten el mismo tipo de órbita que 1998 SH2, órbitas moldeadas por encuentros pasados con Júpiter, y los investigadores ahora sospechan que una fracción relevante de ellos podría ser cometas sin reconocer todavía. De esos, 285 están clasificados oficialmente como potencialmente peligrosos, lo que significa que su trayectoria se acerca a menos de 7,5 millones de kilómetros de la órbita terrestre y que son lo bastante grandes como para importar.

Esa reclasificación no es solo un cambio de etiqueta. Los cometas y los asteroides no se mueven exactamente igual. La desgasificación de un cometa puede desviar su trayectoria futura de forma más impredecible de lo que sugeriría la gravedad por sí sola, justo el tipo de incertidumbre que importa a la hora de calcular el riesgo de impacto a largo plazo o de planear una misión de desviación como la DART de la NASA. Los investigadores sostienen que los cálculos de defensa planetaria deberían empezar a tener en cuenta de forma más sistemática el comportamiento propio de los cometas, en lugar de asumir que todo objeto cercano a la Tierra sigue las reglas simples de un asteroide. Hay además una implicación más profunda. Si una fracción relevante de estos objetos retiene hielo, podrían formar parte de la misma población que trajo agua a la Tierra hace miles de millones de años, algo relevante, sin hacer ruido, para una pregunta sobre nuestro propio origen.

Por ahora, el riesgo que supone 1998 SH2 en sí mismo sigue siendo cero en el futuro previsible. Pero el método usado para desenmascararlo, leer un ligero bamboleo en décadas de datos de seguimiento antes incluso de apuntar un telescopio hacia él, podría revelar pronto que la población de asteroides del sistema solar esconde muchos más cometas de los que se pensaba.

Fuente: D. Farnocchia et al., «Non-gravitational acceleration indicative of cometary activity of near-Earth object», Nature Astronomy (2026). DOI: 10.1038/s41550-026-02913-7

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