Años antes de que Perseverance aterrizara, en febrero de 2021, los responsables de la misión ya habían marcado en el mapa una franja estrecha de roca en el borde interior del cráter Jezero. Desde la órbita, esa franja emitía una señal química intensa de carbonatos, unos minerales que en la Tierra suelen formarse en lagos poco profundos y en mares. Y estaba justo donde debía de quedar la orilla de un lago antiguo. Si esos carbonatos se habían depositado a partir del agua del lago, en una especie de playa marciana, aquel era uno de los mejores sitios del planeta para buscar rastros conservados de vida antigua.
Las rocas contaron otra historia, bastante más enrevesada. La franja, bautizada de manera informal como unidad Margin, no empezó siendo arena de playa. Empezó como una roca ígnea rica en olivino que se enfrió despacio, y el agua volvió a alterarla al menos en tres ocasiones distintas, según publicaron en septiembre sus autores en la revista Communications Earth & Environment. Candice Bedford, investigadora de la Universidad Purdue y primera autora del trabajo, y sus colegas reconstruyeron esa historia a partir de más de 185 objetivos de roca analizados con SuperCam, uno de los instrumentos del rover. La conclusión es que el registro del agua en Marte que guarda el cráter Jezero es más enmarañado de lo que sugería la vista desde la órbita. Bedford describió el lugar, en un comunicado, como «una especie de cruce de caminos de sistemas acuosos».
Jezero está en tierra de carbonatos. El cráter mide unos 45 kilómetros de diámetro y se encuentra en el borde noroeste de Isidis, una cuenca de impacto de unos 1.200 kilómetros. La región que lo rodea, cerca de Nili Fossae, alberga uno de los afloramientos de olivino y carbonatos más extensos de todo Marte. El olivino es un mineral verde, rico en magnesio y hierro, muy común en las rocas volcánicas y que reacciona con facilidad con el agua. La unidad Margin es una banda estrecha donde los orbitadores detectaron señales de carbonato especialmente fuertes, cerca del valle por el que un río desembocaba en el lago. Perseverance la recorrió en cuatro tramos, llamados Margin Este, Oeste, Norte y Alto, entre los días de misión 911 y 1280.
Un láser hizo casi toda la lectura. SuperCam va en lo alto del mástil del rover y dispara un láser contra rocas situadas a entre 2 y 6,5 metros. Cada pulso convierte una mota de roca, del ancho de cuatro o cinco cabellos humanos, en un plasma incandescente, y la luz de ese plasma revela qué elementos contiene. Como el punto es más o menos del tamaño de un solo grano mineral, cada disparo lee un mineral y no una mezcla. Así que el equipo pasó las mediciones por un algoritmo de agrupamiento, un tipo de aprendizaje automático que reúne datos parecidos sin que nadie le diga qué buscar. El algoritmo los repartió en ocho familias químicas, entre ellas el olivino, los carbonatos de hierro y magnesio, la sílice y una capa superficial de polvo. Los investigadores midieron además al menos 150 granos por objetivo en las imágenes de detalle de SuperCam para clasificar las texturas de la roca.
Arriba, la roca apenas se mojó. En el Margin Alto, los granos encajan como las piezas de un puzle bien apretado, con muy poco material entre ellos. Esa textura delata cristales de olivino que crecieron y se fueron amontonando mientras una masa de magma se enfriaba lentamente bajo tierra, igual que los cristales de azúcar se acumulan en el fondo de una olla de almíbar que se deja enfriar. La roca se parece mucho a la formación Séitah, en el suelo del cráter, que se formó del mismo modo. Aquí casi no aparece carbonato. El olivino, además, cambia de composición del Margin Alto al Margin Este, con menos magnesio cuesta abajo, un patrón que según los autores encaja con una intrusión en capas que cristalizó desde los bordes hacia dentro. El radar de penetración del rover ya había detectado capas gruesas inclinadas hacia el centro de la cuenca.
Abajo, cerca de la antigua orilla, todo cambia. El Margin Este y el Oeste quedan por debajo de lo que los estudios orbitales identifican como la segunda terraza del lago, la orilla que quedó después de que el lago se vaciara en parte por una brecha abierta en el borde del cráter. Allí la roca está surcada de crestas en relieve, sus granos de olivino aparecen agrietados y la sílice rellena los huecos entre ellos. Algunos afloramientos cerca del abanico occidental, el antiguo delta del río, muestran además capas, estratificación cruzada y tamaños de grano que coinciden con los de los sedimentos fluviales, señales de que el oleaje del lago pudo remover la roca en algunos puntos. Te lo explico, porque aquí los autores van con pies de plomo. Las capas y la gradación también pueden formarse dentro de una masa de magma cuando los cristales se depositan, y los granos de cromita del Margin Este, Oeste y Alto conservan huellas químicas distintas entre sí. Si hubo removido, escriben, tuvo que ser muy local.
Primero llegaron aguas subterráneas cargadas de carbono. El episodio más antiguo fue el de un agua de neutra a alcalina, rica en dióxido de carbono, que se filtraba por las fracturas de la roca. Esa agua transformó el olivino en carbonato y acabó rellenando las grietas con él. Las fracturas rellenas quedaron más duras que la roca que las rodeaba, de modo que, cuando el viento y el tiempo desgastaron la superficie, se quedaron en pie como crestas. Más de la mitad de las lecturas del láser sobre esas crestas cayeron en las familias de carbonatos, frente a casi ninguna en las de sílice. Ese carbonato, además, tiene la misma proporción de hierro y magnesio que el olivino, señal de que se fabricó con la propia roca del lugar.
Después, la química del agua dio la vuelta. La sílice y el carbonato están en los dos extremos de un balancín. El agua más caliente y alcalina disuelve más sílice, mientras que el agua rica en dióxido de carbono favorece que el carbonato siga disuelto, y a la inversa en cada caso. Cuando un fluido se enfría, se evapora o pierde su dióxido de carbono, la sílice precipita. En la unidad Margin, un agua más fría y más ácida disolvió parte del carbonato, arrastró el magnesio, abrió nuevos poros y dejó sílice en ellos. El grupo rico en sílice solo aparece en el Margin Este y el Oeste, por debajo de esa segunda orilla. Es la pista más clara de que el lago tuvo algo que ver. Eleni Ravanis, científica planetaria de la Universidad de Hawái en Manoa y coautora del estudio, lo resumió así en un comunicado: «vemos más de esa sílice en las rocas que quedaban por debajo de la línea del agua».
Al final, agua caliente dejó una veta de fluorita. En un punto del Margin Este llamado Point Cloates, SuperCam apuntó a una veta mineral clara de unos 25 centímetros de grosor que se extiende varios metros hacia el este y el noreste. Contiene sulfato de calcio y fluorita. La roca de alrededor es pobre en calcio, azufre y flúor, así que esa agua vino de otra parte. En Marte, la fluorita puede formarse en pequeñas cantidades a partir de fluidos fríos, por debajo de unos 13 grados, pero una veta gruesa se parece más a lo que deja el agua caliente en los entornos volcánicos de la Tierra. Con un posible edificio volcánico en el borde del cráter y la provincia volcánica de Syrtis Major muy cerca, los autores ven probable que el detonante fuera el calentamiento volcánico de las aguas subterráneas. Un depósito de flujo de derrubios en el extremo norte, que arrastra olivino de la unidad Margin, muestra además que esta es anterior a la vecina formación Bright Angel.
El suelo del cráter se quedó extrañamente seco. Séitah, en el fondo del cráter, está mucho menos alterada que el Margin Este y el Oeste o que el delta del río. Eso no cuadra si el agua del lago alteró todo lo que quedaba por debajo de la orilla. Trabajos anteriores proponían que Séitah estuvo protegida por capas superiores que la erosión ya se ha llevado. El nuevo estudio aporta otra razón: Séitah no tiene crestas, así que probablemente tenía menos fracturas abiertas por las que circulara el agua subterránea.
La cuestión del lago sigue abierta. Los autores plantean dos escenarios extremos y no eligen ganador. En uno, el agua del lago y las aguas subterráneas trabajaron la roca juntas. En el otro, bastaron las aguas subterráneas, con más caudal en el Margin Oeste. Las zonas alteradas se reparten de forma desigual por debajo del nivel del lago y tienen químicas distintas, algo que igual podría apuntar a varios sistemas de aguas subterráneas independientes. El estudio ordena los tres episodios, pero no les pone fecha. Cerca del 22 % de las lecturas del láser no encajaba bien en ninguna familia química y se dejó aparte, los datos del láser se limitaron a objetivos a menos de 6,5 metros salvo unas pocas excepciones importantes, y el polvo y las costras tapan buena parte de la superficie. Nada de esto es una prueba de vida. El artículo solo sostiene que la unidad Margin es un buen sitio para buscarla.
Parte de esta roca ya tiene las maletas hechas. Perseverance selló muestras de la unidad Margin, entre ellas Pelican Point, Lefroy Bay y Comet Geyser, para una posible misión que las traiga a la Tierra. Aquí, las reacciones entre el agua y el olivino producen justo el carbonato y la sílice que aparecen en Jezero, y los dos minerales pueden guardar huellas de microbios durante muchísimo tiempo. Si esos tubos llegan algún día a un laboratorio, y qué hay dentro, será el siguiente capítulo.
Fuente: Bedford, C. C., Ravanis, E. M., Wiens, R. C., Clavé, E., Aramendia, J., Madariaga, J. M., et al. «Lake- and groundwater-associated alteration of the olivine-rich Margin unit in Jezero crater, Mars». Communications Earth & Environment (2026). DOI: 10.1038/s43247-026-03997-9








