Una pradera sin animales que la pasten no se vuelve más rica. Se vuelve más pobre. Unas pocas gramíneas altas se hacen con todo y arrinconan al resto. En la pradera de Konza, en las colinas de Flint Hills del este de Kansas, los ecólogos llevan décadas viéndolo pasar, a un paso de los pastos donde soltaron bisontes y vacas.
El bisonte americano ganó con holgura. Tras 29 años, los pastos con bisontes tenían más o menos el doble de especies de plantas nativas que la pradera sin pastoreo. Las vacas también subieron la cuenta, pero menos de la mitad. Y lo que el bisonte aportó a la pradera resistió la sequía más extrema que había sufrido la región en cuarenta años.
Un experimento a fuego lento. El trabajo lo dirigió Zak Ratajczak, ecólogo de la Universidad Estatal de Kansas, con colegas de otras tres universidades de Estados Unidos. Se publicó el 29 de agosto de 2022 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). La Estación Biológica de la Pradera de Konza nunca se ha arado. Está en Flint Hills, el mayor tramo de pradera de pastos altos que queda en Norteamérica.
Cómo cambia el bisonte americano la pradera de Konza
Tres pastos, tres formas de llevar la tierra. Los bisontes llegaron a Konza en 1987: un rebaño pequeño de 30 adultos. En 1992 se les abrió toda su zona, y ya eran 121. Ese mismo año entraron vacas en otros pastos aparte. Otras zonas se quedaron sin ningún herbívoro grande. Cada pasto ocupaba más de 18 hectáreas. Los bisontes pastaban todo el año. Las vacas solo estaban más o menos de abril a noviembre, y en mayor número para compensar la temporada corta. El equipo siguió parcelas fijas de 10 metros cuadrados y también las cuencas enteras donde están.
Sin herbívoros, mandan cuatro hierbas. El gran bluestem (Andropogon gerardii), la hierba india (Sorghastrum nutans), el pasto varilla (Panicum virgatum) y el pequeño bluestem (Schizachyrium scoparium) suman alrededor del 80 % de lo que crece en un pasto de Konza sin herbívoros. Allí su cobertura subió un poco con los años. El número de especies nativas casi no se movió.
El bisonte recortó a los gigantes. En los pastos con bisontes, la cobertura de esas cuatro gramíneas cayó, se mantuvo nueve años y volvió a caer. En los últimos 11 años del estudio rondó el 20 o el 25 %. A medida que las grandes hierbas cedían terreno, entraban especies nuevas. Entre 1994 y 2010, una parcela típica ganó más o menos una especie nativa cada dos años. En 2020, las parcelas con bisontes tenían un 103 % más de especies nativas que las de la pradera sin pastoreo, y las cuencas enteras un 86 % más. Imagina una fiesta donde cuatro invitados ruidosos acaparaban el salón. El bisonte les va enseñando la puerta y los demás, por fin, pueden hablar.
Un récord a escala mundial. El equipo comparó sus datos con una base mundial de estudios de pastoreo en praderas. Lo ganado con los bisontes quedó por encima del percentil 95: de los mayores aumentos de especies vegetales por pastoreo que se han medido en ningún sitio. ¿Por qué tanto? El estudio duró lo bastante para que el efecto se viera entero. Y la pradera de pastos altos crece mucho, así que liberarla de las grandes hierbas debería notarse más.
Diferencias entre bisonte y vaca en el pasto
La vaca ayudó, pero no tanto. En 2020, las parcelas con vacas tenían un 41 % más de especies nativas que las de la pradera sin pastoreo, y sus cuencas un 30 % más. Es una mejora real. También es menos de la mitad de lo que logró el bisonte. La cobertura de las cuatro grandes hierbas en los pastos con vacas acabó sin bajar apenas respecto a la de los pastos vacíos.
El bisonte es exigente justo donde conviene. Los ecólogos lo llaman «herbivoría clave»: un herbívoro come tanto de la planta dominante que sus rivales más débiles encuentran sitio. El bisonte come sobre todo hierba. Lo dicen la química de su pelo, sus excrementos y el recuento directo de lo que muerde. La vaca es menos selectiva. Según los estudios de su dieta, las flores silvestres y otras plantas no gramíneas son entre el 10 y el 34 % de lo que come. Cada bocado a una flor es un bocado que no se lleva el gran bluestem. Además, el bisonte se revuelca en la tierra y deja revolcaderos pelados y polvorientos. También mantiene «céspedes de pastoreo» muy cortos. Esos claros dan variedad. La vaca no hace revolcaderos.
Quién se mudó al pasto. Los pastos con bisontes acogen ahora plantas que casi faltan en los otros dos. Entre ellas hay miembros altos de la familia de la margarita, como la vara de oro rígida (Solidago rigida), y 11 especies anuales que antes no estaban. Dos gramíneas bajas de las llanuras más secas del oeste, el pasto navajita azul (Bouteloua gracilis) y el pasto búfalo (Bouteloua dactyloides), también se hicieron más comunes. La verdad, lo que suele preocupar del pastoreo son las malas hierbas. Aquí no pasó. Las parcelas con bisontes y con vacas tenían de media menos de cuatro especies exóticas, frente a 48,9 especies nativas en una parcela típica con bisontes.
Cómo resistió la pradera con bisontes a la sequía
Y entonces dejó de llover. En 2011 y 2012, los años 20 y 21 del experimento, las Grandes Llanuras pasaron una de las peores sequías desde el Dust Bowl de los años treinta. En Konza, 2012 fue el año más seco del que hay registro. Los pastos sin herbívoros siguieron igual de pobres en especies. Los pastos con bisontes sí acusaron el golpe: su número de especies cayó por debajo de su larga tendencia al alza. Fue la única vez.
El bache no duró. En cuatro años en las parcelas, y en dos en las cuencas enteras, los pastos con bisontes volvieron a la línea que subían antes de la sequía. Los autores lo leen como una prueba clara de resiliencia. La pradera no se quedó quieta durante la sequía, pero se recuperó rápido. Los pastos con vacas subieron y bajaron de un año a otro desde 2011, y cerraron la década sin cambio neto de especies.
Raíces distintas, agua distinta. ¿Por qué aguanta mejor una pradera más variada? En Konza, las gramíneas beben sobre todo de la capa de suelo más superficial, y muchas plantas no gramíneas llegan a agua más profunda. En un año seco, una comunidad mezclada no tiene a todas sus plantas peleando por la misma capa fina de humedad. Un pasto sin herbívoros es lo contrario: un puñado de gramíneas de raíz somera que persiguen la misma agua. Los pastos con bisontes también habían ganado plantas hechas para los años duros. Unas son hierbas de tierra seca. Otras florecen pronto, o rebrotan deprisa cuando vuelve la lluvia.
Lo que el experimento de Konza no puede separar
La letra pequeña. Los investigadores reconocen que no pueden separar al animal de la forma de manejarlo. El bisonte pastó todo el año y la vaca solo en la temporada de crecimiento, así que el diseño no dice qué parte de la diferencia se debe a la especie en sí. Fue a propósito: así se maneja de verdad a cada animal en las Llanuras. Los pastos son además tan grandes que la comparación entre cuencas descansa en solo cuatro, una debilidad que los autores admiten. Los datos de parcelas en los pastos con vacas empiezan en 2008. Aun así, un experimento anterior y más pequeño en Konza, con bisontes y vacas manejados igual, también encontró más especies donde pastaba el bisonte.
Una discusión más grande: devolver lo salvaje. El bisonte de las llanuras (Bison bison) ocupó casi todas las praderas de Norteamérica. La caza lo dejó al borde de la extinción a finales del siglo XIX, y hoy vive en menos del 1 % de su antigua área. Cientos de lugares lo han reintroducido. Los resultados de Konza indican que muchas praderas de las Grandes Llanuras tienen hoy bastantes menos especies de plantas que cuando el bisonte las recorría. También indican que la pérdida aún tiene vuelta atrás. Devolver a los herbívoros nativos es parte de un movimiento para dejar que la tierra se asilvestre, con sus dilemas, como muestra lo que de verdad crece en un campo europeo abandonado.
La próxima prueba es una sequía más larga. Los registros del Dust Bowl sugieren que las praderas sin pastoreo de las Grandes Llanuras aguantan una sequía de unos cuatro años. Se espera que el cambio climático duplique la probabilidad de sequías extremas de una década antes de que acabe el siglo. Dos años secos fueron la prueba más dura que pasaron los pastos con bisontes. Según los autores, la pregunta ahora es cómo responden a una sequía mucho más larga.
El estudio en breve
- Revista: Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), agosto de 2022
- Tipo de estudio: Experimento de campo a largo plazo que compara pastoreo de bisontes, pastoreo de vacas y ausencia de pastoreo en una pradera de pastos altos
- Muestra: Parcelas fijas de plantas en cuencas con bisontes, con vacas y sin pastoreo en la pradera de Konza, Kansas, seguidas durante 29 años
- Hallazgo principal: El bisonte casi duplicó las especies de plantas nativas respecto a la pradera sin pastoreo, la vaca sumó menos de la mitad y lo ganado con el bisonte se recuperó en dos a cuatro años tras una sequía extrema.
- Límites: El diseño no separa la especie del manejo, porque el bisonte pastó todo el año y la vaca solo de primavera a otoño.
Fuente: Ratajczak, Z., Collins, S. L., Blair, J. M., Koerner, S. E., Louthan, A. M., Smith, M. D., Taylor, J. H., y Nippert, J. B. (2022). «Reintroducing bison results in long-running and resilient increases in grassland diversity». Proceedings of the National Academy of Sciences, 119(36), e2210433119. https://doi.org/10.1073/pnas.2210433119








