Seis meses. A esa edad un coyote joven empieza a pensar en dejar a sus padres, y es el paso más peligroso de su vida. Tiene que cruzar terreno que nunca ha pisado, esquivar a otros coyotes y a los coches, y encontrar un hueco libre antes de que se le acabe la suerte. En una gran ciudad, ese viaje pasa por patios, aparcamientos y avenidas.
Entre los coyotes en Chicago, cómo empieza ese viaje depende de dónde nació la cría. Tras casi veinte años de seguimiento, los cachorros criados en zonas muy urbanizadas se marchaban del territorio de sus padres con más frecuencia que los criados en bosques protegidos, y los que se iban llegaban más lejos. Los nacidos en las madrigueras más verdes tendían a quedarse cerca, a veces para siempre. Lo que no cambió con el lugar de nacimiento fue el riesgo de morir joven, ni el de acabar atropellado.
A las crías se las siguió desde la madriguera. Los datos proceden de un estudio de largo recorrido sobre coyotes urbanos (Canis latrans) en el área de Chicago, en el que participa Stanley Gehrt, de la Universidad Estatal de Ohio. Emily Zepeda, de la Universidad de California en Davis, dirigió el análisis junto a Eric Payne, Ashley Wurth, Andrew Sih y el propio Gehrt. Se publicó en 2021 en la revista Behavioral Ecology. El equipo trabajó con coyotes capturados entre 2000 y 2018 y equipados con collares de radio. El requisito era estricto: una cría solo contaba si ella y al menos uno de sus padres llevaban collar el año en que nació. Quedaron 85 coyotes jóvenes, hijos de 44 progenitores.
Por qué hay coyotes en las ciudades como Chicago
Un animal salvaje que se mudó al centro. El coyote es uno de los pocos carnívoros grandes que viven hoy en casi todas las grandes ciudades de Norteamérica. En Chicago se encuentra un mosaico. La mayor parte de la región está urbanizada, pero el Distrito de Bosques Protegidos del condado de Cook conserva unas 28.300 hectáreas, más o menos una de cada nueve del condado. Esos bosques están desperdigados entre casas, centros comerciales y fábricas. Así que una cría puede nacer en un humedal tranquilo o en una madriguera a pocos cientos de metros de una avenida.
Seguirlos exigió camionetas, avionetas y ADN. Los equipos de campo localizaban a cada coyote por radio, con antenas montadas en camionetas. Cuando una señal desaparecía, salían en helicóptero o avioneta a buscarla por el noreste de Illinois y partes de Wisconsin e Indiana. Muestras de sangre, leídas en 12 marcadores genéticos, confirmaron qué cría era de qué padres. Los cachorros pequeños no se alejan de la madriguera y de sus puntos de reunión, así que el territorio de los padres sirvió como hogar de infancia. Después el equipo dividió el mapa en suelo «natural» (bosque, pradera, humedal, agua) y suelo «urbanizado», donde metieron también los campos de cultivo por lo mucho que los altera la gente.
Cuándo se independizan los cachorros de coyote
Casi todos se van, pero no todos. El coyote tiene fama de marcharse de casa. Un estudio en Maine vio que cuatro de cada cinco coyotes con collar se iban en su primer año, y la partida suele empezar hacia los seis meses. En libertad, el empujón muchas veces lo dan los padres, que se vuelven agresivos con sus crías de un año en la época de celo y las echan.
Los de ciudad eran los que hacían la maleta. De los 85 jóvenes de Chicago, 22 acabaron con un territorio adulto que no se solapaba en nada con el de sus padres, la prueba que usó el estudio para hablar de una marcha completa. Catorce de esos 22 venían de hogares de infancia urbanizados en más de la mitad. Según el modelo, una cría cuyo hogar estaba urbanizado al 97 % tenía 2,7 veces más probabilidades de irse que otra cuyo hogar lo estaba solo al 22 %. El sexo no influyó.
Algunos coyotes del bosque se quedaron con la finca familiar. La verdad, este es el detalle que más se recuerda. En los bosques protegidos, el equipo de Gehrt ha visto a coyotes jóvenes adueñarse de parte del territorio de sus padres, mientras los padres desplazaban el suyo para hacerles sitio. Los autores creen que la comida más abundante de las zonas naturales puede aliviar la presión social para marcharse. En las zonas urbanizadas, con menos comida y más competencia, esa herencia tranquila es probablemente rara.
Cuánto recorre un coyote joven por las afueras
El equipo apostó por los coyotes equivocados. Los investigadores esperaban que los nacidos en el bosque viajaran más lejos, en busca de un terreno verde como el de su infancia. Pasó lo contrario. Entre los coyotes que se asentaron, la distancia entre el hogar de infancia y el adulto fue de 1,7 a 60 kilómetros, con una mediana de unos 8 kilómetros. En el modelo que mejor encajaba, los coyotes de los hogares más urbanizados recorrieron 3,9 veces más distancia que los de los más verdes. El resultado se mantuvo con los tres métodos que el equipo usó para definir el terreno al alcance de cada coyote.
En la ciudad, un territorio libre cuesta más de encontrar. Trabajos anteriores en Chicago mostraron que los coyotes de zonas urbanizadas necesitan territorios más grandes que los de los bosques. Los autores sugieren que eso obliga a los nacidos en la ciudad a ir más lejos antes de dar con un hueco vacío. Te lo explico con un piso. Si en tu edificio cada vecino ocupa una planta entera, tendrás que subir muchas más escaleras hasta encontrar una puerta abierta.
Hasta los viajes largos fueron cortos para un coyote. Los coyotes de Chicago que se marcharon recorrieron de media unos 18 kilómetros. En lugares menos alterados, otros estudios han medido medias de 51 a 310 kilómetros. Parte de esa diferencia viene del método, porque los equipos solo podían seguir a los animales que se quedaban dentro de la zona vigilada. Pero un paisaje troceado y lleno de edificios probablemente también acorta los viajes. Viajes más cortos significan menos genes que circulan entre grupos, un proceso silencioso que se relaciona con cómo la fauna salvaje pierde su diversidad genética. Los autores señalan que incluso podría acelerar la adaptación de los coyotes urbanos a la ciudad.
Los nacidos en la ciudad apenas buscan ciudad. La atracción fue débil, si es que existe. Entre 19 coyotes que se asentaron con claridad, solo uno de los tres modelos relacionó un hogar de infancia urbanizado con la preferencia por el suelo urbanizado de adultos. En ese modelo, los nacidos en lo más verde evitaban con fuerza las zonas edificadas, mientras que los más urbanitas solo mostraban una ligera preferencia por ellas. Los otros dos modelos no encontraron relación. Puede que el coyote tenga una inclinación innata por el terreno natural que pesa más que lo que aprende de cachorro.
Coyotes atropellados: el lugar de nacimiento no cambió nada
Los coches fueron la primera causa de muerte. Los equipos recuperaron 48 de los 85 coyotes ya muertos. De ellos, 28 habían sido atropellados, bastante más de la mitad. La supervivencia hasta los dos años fue alta: solo 11 de los 48 murieron antes.
Criarse en la ciudad no les enseñó a cruzar. Los investigadores habían previsto que los nacidos en el bosque, con poca experiencia temprana de coches y personas, murieran más en la carretera. No fue así. Ni la proporción de suelo urbanizado en el hogar de infancia ni la del territorio adulto cambiaron sus probabilidades de llegar a adultos o de morir atropellados. ¿Sabes qué? Los autores dan una explicación poco tranquilizadora. Los coyotes de ciudad quizá aprenden pronto lo que es el tráfico, pero también lo atraviesan durante más kilómetros, y los dos efectos podrían anularse.
El estudio tiene límites claros, y los autores los enumeran. Es un estudio observacional, así que muestra una relación entre el lugar de nacimiento y la conducta, no la prueba de que una cosa cause la otra. La comida, el tamaño de la familia o el carácter de cada animal también podrían influir. Las muestras eran pequeñas: 22 marchas claras, 19 adultos asentados y 48 cuerpos recuperados. De 27 de las 85 crías no se sabe qué fue. Y el paisaje se redujo a solo dos tipos de suelo, lo que esconde detalles como la densidad de carreteras, el tráfico o el tamaño de cada parche, que podrían estar detrás del patrón.
La siguiente pregunta es quién sale ganando. Los autores sospechan que los coyotes nacidos en el bosque, que se quedan cerca y se ahorran un viaje arriesgado, podrían sacar adelante más crías a lo largo de su vida que sus vecinos de ciudad. Nadie lo ha medido todavía. Otros estudios han visto que los coyotes urbanos son más atrevidos con las personas y que pueden ser genéticamente distintos de los que viven en hábitat natural. Si los nacidos en la ciudad acaban emparejándose sobre todo entre ellos, advierten los autores, los animales más osados podrían seguir criando juntos. Y eso podría traer más encontronazos entre coyotes y vecinos.
El estudio en breve
- Revista: Behavioral Ecology, julio-agosto de 2021
- Tipo de estudio: Seguimiento por radio durante años de crías de coyote y de sus padres, con pruebas genéticas para confirmar el parentesco
- Muestra: 85 coyotes jóvenes hijos de 44 progenitores en el área metropolitana de Chicago, con collar entre 2000 y 2018
- Hallazgo principal: Las crías criadas en terreno más urbanizado se marchaban de casa con más frecuencia y viajaban más lejos que las criadas en bosques protegidos.
- Límites: Pocos coyotes que se marcharan, un seguimiento que favorece los viajes cortos y ninguna relación entre el lugar de nacimiento y la supervivencia.
Fuente: Zepeda, E., Payne, E., Wurth, A., Sih, A., y Gehrt, S. (2021). «Early life experience influences dispersal in coyotes (Canis latrans)». Behavioral Ecology, 32(4), 728-737. https://doi.org/10.1093/beheco/arab027








