5 de septiembre de 2026
Espacio

¿Puede el bamboleo de una estrella durante 20 años delatar un agujero negro invisible? Esto es justo lo que pasó

¿Puede el bamboleo de una estrella durante 20 años delatar un agujero negro invisible? Esto es justo lo que pasó

Durante veintitrés años, una estrella perdida entre otros diez millones de compañeras se desvió una y otra vez de su trayectoria, como si algo invisible tirara de ella. Los astrónomos llevaban ese mismo tiempo vigilando el cúmulo esperando justo eso, y casi habían perdido la esperanza de verlo ocurrir.

El cúmulo en cuestión es Omega Centauri, el más grande y masivo de toda la Vía Láctea, una bola de estrellas tan densa que los modelos actuales calculan que debería esconder unos 10000 agujeros negros en su interior. Pese a rastreos profundos en radio, búsquedas en rayos X y años de espectroscopia, ninguno de esos agujeros negros se había confirmado nunca. Solo se conocían otros dos casos parecidos, hallados en 2018 y 2019 en un cúmulo distinto, NGC 3201.

El compañero invisible acabó delatándose por pura física. Un equipo liderado por Matthew Whitaker, de la Universidad de Utah, combinó 351 imágenes del telescopio espacial Hubble, repartidas a lo largo de más de 20 años, con observaciones recientes del telescopio James Webb tomadas en 2024 y 2025. Con todo ese material lograron rastrear la posición exacta de una estrella tenue y corriente, situada justo en el punto en el que las estrellas empiezan a abandonar la secuencia principal. Su trayectoria no era una línea recta. Se curvaba, tal y como lo haría si estuviera atrapada en órbita alrededor de algo con masa real pero sin luz propia.

Tras años de ajuste orbital sobre esos datos, el equipo determinó que el compañero invisible tiene una masa de 4,46 masas solares y que orbita la estrella visible cada 94 años, en una trayectoria ancha y muy alargada. Eso lo convierte en el sistema binario con agujero negro de periodo más largo jamás confirmado, por delante de cualquier otro caso conocido. La estrella visible pesa unas 0,78 masas solares, y la pareja se encuentra a solo 20 segundos de arco del centro del cúmulo, medio año luz, a una distancia total de casi 17900 años luz de la Tierra.

Una estrella de neutrones no podía explicar lo que estaban viendo. La estrella de neutrones más pesada medida con precisión hasta ahora ronda las 2,08 masas solares. Con 4,46 masas solares, y un rango estadístico que en el peor de los casos no baja de 3,44, el objeto queda cómodamente dentro del territorio de los agujeros negros. Los rastreos en rayos X y radio de ese mismo punto del cielo tampoco detectaron nada, lo que descarta que se trate de una estrella de neutrones activa o de un agujero negro alimentándose de materia, y confirma que la pareja simplemente orbita en silencio.

El propio equipo calculó además la probabilidad de que todo fuera una casualidad estadística. Su criterio marca un hallazgo real cuando esa probabilidad baja de una entre diez mil millones. En este caso, el número real fue de una entre un uno seguido de veintiocho ceros, tan cerca de la certeza absoluta como se puede llegar en astronomía.

Lo verdaderamente sorprendente es lo poco que pesa este agujero negro. Los modelos predicen que las estrellas de un cúmulo pobre en metales como Omega Centauri deberían dejar tras de sí remanentes más pesados, típicamente entre 20 y 40 masas solares. En cambio, este agujero negro y los dos ya conocidos en NGC 3201 pesan todos menos de 10 masas solares. Es posible que la imagen estándar de cómo las estrellas moribundas colapsan en agujeros negros necesite un ajuste, sobre todo porque los detectores de ondas gravitacionales siguen encontrando fusiones de agujeros negros mucho más pesados en otras partes del universo.

Las simulaciones del equipo también muestran que el sistema no es primordial. Es lo que los astrónomos llaman un binario blando, es decir, lo bastante débilmente unido como para que un solo encuentro cercano con otra estrella pueda acabar rompiéndolo, probablemente en unos 800 millones de años. Ese plazo apunta a que la pareja se formó de manera relativamente reciente mediante un encuentro dinámico dentro del cúmulo, no desde el mismo nacimiento del cúmulo hace 12000 millones de años.

Ya hay más datos en camino. El telescopio James Webb seguirá observando este mismo punto del cielo hasta 2027 y 2028, lo que debería reducir la incertidumbre que aún queda sobre la órbita y despejar la última duda sobre la masa exacta del objeto. Los investigadores calculan que aplicar el mismo método, con paciencia y suficientes estrellas vigiladas durante el tiempo necesario, debería permitir encontrar más agujeros negros ocultos como este en los cúmulos estelares más densos de la galaxia en los próximos años.

Fuente: Whitaker, M., Kerr, E., Seth, A., et al. (2026). A Long Period Stellar-Mass Black Hole Binary in Omega Centauri. The Astrophysical Journal Letters. Preprint: arXiv:2606.18350.

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