El efecto más peligroso del cambio climático para la salud podría no ser el golpe de calor que sale en las noticias durante una ola de calor. Podría estar pasando en silencio, semanas antes de que un bebé nazca siquiera.
Un embarazo expuesto a un solo grado más de calor conlleva un riesgo medible de terminar antes de tiempo. Un equipo internacional liderado por investigadores de la Universidad de Witwatersrand reunió 198 estudios de 66 países, con datos de millones de embarazos, para responder una pregunta que nunca se había cuantificado uniendo de una vez toda la salud materna, fetal y neonatal: cuánto exactamente eleva la exposición al calor las probabilidades de que algo salga mal.
La respuesta, publicada en Nature Medicine, es inequívoca. Por cada grado centígrado adicional de calor durante el embarazo, las probabilidades de un parto prematuro subieron un 4%. Durante una ola de calor real, ese riesgo se disparó un 26%. Los mortinatos, las anomalías congénitas y la diabetes gestacional también aumentaron, y las probabilidades de sufrir cualquier complicación obstétrica subieron una cuarta parte durante las olas de calor.
El motivo se explica por pura fisiología. El embarazo ya exige más al sistema cardiovascular, con más volumen de sangre, más calor generado por el feto, y un cuerpo que trabaja a marchas forzadas para disiparlo todo mediante el sudor y la dilatación de los vasos sanguíneos. Cuando ya existen condiciones como hipertensión o deshidratación que tensionan ese sistema, el calor extremo puede hacerlo colapsar. Los investigadores creen que el aumento de la temperatura corporal, la alteración hormonal y la inflamación provocada por las proteínas de choque térmico podrían intervenir tanto en desencadenar un parto demasiado pronto como en dañar a un feto en desarrollo.
El momento exacto importa tanto como la intensidad. El estudio encontró que cada complicación tiene su propia ventana de vulnerabilidad. El riesgo de diabetes gestacional subió sobre todo cuando el calor golpeaba durante el segundo trimestre, justo cuando se suele hacer el cribado de esta enfermedad. Los trastornos hipertensivos estaban más ligados a la exposición al calor en las primerísimas semanas tras la concepción, cuando la placenta todavía se está formando. El parto prematuro, el resultado con la evidencia más sólida y consistente, mostró un riesgo que crecía tanto con episodios cortos de calor en las últimas semanas antes del parto como con una exposición prolongada al calor en fases más tempranas del embarazo.
La carga recae con más fuerza sobre los países menos responsables de calentar el planeta. Al dividir los datos por nivel de ingresos del país, las probabilidades de un parto prematuro relacionado con el calor fueron de 1,61 en los países de ingresos bajos, frente a 1,11 en los de ingresos altos. Sin embargo, solo el 3% de los 198 estudios procedía de países de ingresos bajos, lo que significa que los lugares que probablemente sufren más son también los que la ciencia menos ha estudiado.
Un solo estudio estadounidense incluido en la revisión siguió a 56 millones de nacimientos y calculó que los días de calor extremo ya estaban acortando embarazos lo suficiente como para explicar unos 25.000 bebés nacidos antes de tiempo en un solo año, y 150.000 días de gestación perdidos en total. Otro análisis independiente atribuyó directamente más de 4.600 partos prematuros al año en China a las olas de calor ligadas al cambio climático de origen humano, con un coste económico estimado en más de mil millones de dólares anuales.
Los autores son cautelosos con los límites de la evidencia. Casi todos los estudios de base son observacionales, lo que significa que pueden mostrar una asociación estadística fuerte entre el calor y estos resultados sin demostrar en cada caso la cadena biológica exacta de causa y efecto, y la forma de medir la exposición al calor varió lo suficiente entre estudios como para complicar las comparaciones directas. Aun así, con estimaciones de efecto procedentes de 221 análisis distintos que apuntan casi todas en la misma dirección perjudicial, los investigadores describen el patrón como una de las señales más consistentes vistas hasta ahora en la investigación sobre clima y salud, y ya piden que las embarazadas y los recién nacidos se incluyan de forma explícita en los planes nacionales de adaptación climática, desde alertas tempranas de calor hasta sistemas de refrigeración en las salas de maternidad.
Fuente: Lakhoo, D.P., Brink, N., Radebe, L. et al. «A systematic review and meta-analysis of heat exposure impacts on maternal, fetal and neonatal health.» Nature Medicine, 2025. DOI: 10.1038/s41591-024-03395-8.








