8 de noviembre de 2026
Fauna de Norteamérica

La marta pescadora delata quién reparte veneno para ratas

La marta pescadora delata quién reparte veneno para ratas

El veneno para ratas de un garaje de Vermont puede acabar en el hígado de un animal que jamás ha entrado en ese garaje. Basta con que se coma al ratón que sí entró.

Eso es lo que muestra el análisis de 597 martas pescadoras capturadas por tramperos con licencia en el noreste de Estados Unidos. Casi cuatro de cada cinco, el 78,6 %, llevaban al menos un veneno para ratas en el hígado, y la mayoría tenía entre dos y seis distintos. En Vermont dieron positivo todas. El problema de la marta pescadora con el veneno para ratas no seguía a las granjas ni a las ciudades. Seguía a algo mucho más discreto: las casas metidas en el bosque.

Un censo hecho hígado a hígado. El trabajo lo dirigió Georgianna Silveira, de la Facultad de Ciencias Ambientales y Forestales de la Universidad Estatal de Nueva York en Syracuse, junto a las agencias de fauna de Pensilvania, Nueva York, Vermont, Nuevo Hampshire y Maine y el laboratorio de salud de la fauna de la Universidad Cornell. Se publicó el 8 de febrero de 2024 en la revista Frontiers in Ecology and Evolution. Casi todos los hígados salieron de la temporada legal de trampeo de pieles de otoño, entre 2018 y 2022, y unas pocas decenas, de cadáveres enviados a laboratorios de fauna.

Qué es la marta pescadora y por qué come tantos roedores

Ni es marta del todo ni pesca. La marta pescadora (Pekania pennanti), también llamada pekán, es un pariente forestal de las comadrejas, del tamaño de un gato doméstico, con el cuerpo largo y la cola tupida. En Nueva Inglaterra la llaman «fisher cat», gato pescador, aunque de gato no tiene nada. Un felino pequeño de verdad sería algo como el gato tigre que destaparon las cámaras trampa. La marta pescadora trepa bien, recorre territorios amplios y vive sobre todo de roedores y otras presas pequeñas. Esa dieta es justo lo que la pone en el camino del veneno.

La vuelta al bosque tenía letra pequeña. Durante décadas, buena parte del noreste ha vuelto a cubrirse de árboles. La marta pescadora ha seguido al bosque y se ha extendido por montes donde ahora hay casas sueltas, cabañas y cobertizos. La región es una mezcla rara. El bosque cubre desde el 58,6 % de Pensilvania hasta el 89,5 % de Maine, y aun así el noreste tiene la mayor densidad de población rural del país. Muchos árboles y mucha gente viviendo entre ellos. Los autores escribieron que la expansión de la especie hacia lugares más humanizados «al parecer tiene un coste».

Cómo pasa el veneno para ratas de los ratones a los depredadores

El veneno impide que la sangre coagule. Casi todos los raticidas que se venden en Estados Unidos son anticoagulantes. Bloquean el ciclo de la vitamina K que usa el hígado para fabricar los factores de coagulación, así que un animal envenenado puede desangrarse por una herida pequeña o por un esfuerzo fuerte. Los de «primera generación», como la difacinona, necesitan varias dosis y cualquiera los compra en una tienda. Los de «segunda generación», como el brodifacum y la bromadiolona, nacieron a mediados de los setenta, cuando las ratas se hicieron resistentes, y una sola comida basta para matar. En Estados Unidos están pensados para fumigadores con licencia y para uso agrícola.

Un ratón envenenado es una presa fácil. Al veneno le da igual si se come en el cebo o dentro de un ratón. Las ratas de laboratorio que lo ingieren cambian sus horarios y se alejan de los refugios, lo que probablemente las hace más fáciles de cazar. Un depredador que se come varias va acumulando el tóxico, y los de segunda generación pueden quedarse en el hígado cientos de días. Aunque no mate, otros estudios han ligado esta exposición a más enfermedades y parásitos, camadas más pequeñas y más muertes de crías recién nacidas.

Cada compuesto es un tique distinto. Te lo explico, porque aquí el número importa. Cada producto comercial lleva un solo compuesto activo. Así que una marta con tres venenos distintos en el hígado comió, como mínimo, tres presas envenenadas de tres fuentes diferentes. El hígado funciona como un cajón de tiques de compra. En el estudio, el 55,3 % de las martas tenía de dos a seis compuestos, el 23,3 % tenía uno y solo el 21,4 % no tenía ninguno. El laboratorio buscó 11 compuestos y encontró ocho.

Dónde se envenena la marta pescadora en Estados Unidos

Tres venenos hicieron casi todo el daño. La difacinona, la de venta libre, apareció en el 64,3 % de las martas. Le siguieron el brodifacum, con el 53,8 %, y la bromadiolona, con el 28,0 %. Lo de la difacinona llama la atención: un estudio en California la encontró solo en el 14 % de las martas de allí. Y restringidos o no, recuerdan los autores, los de segunda generación se siguen comprando en ferreterías y por internet, porque la norma federal regula dónde se venden y se usan, pero no quién los compra.

El foco no respetaba las fronteras entre estados. Maine tuvo la tasa más baja, con el 52,8 % de martas expuestas. Vermont llegó al 100 % y Nuevo Hampshire al 93,3 %. El equipo esperaba que la exposición subiera poco a poco desde Maine hacia la más poblada Pensilvania. No fue así. El mapa de las muestras dibujó en cambio una zona caliente en el sur de Nuevo Hampshire, el sur de Vermont y el sureste de Nueva York, el cinturón de casas rurales que se extiende desde las grandes áreas metropolitanas.

Las casas en el bosque dieron la señal más fuerte. Para buscar la causa, el equipo comparó cada muestra con el terreno de alrededor. El mejor predictor fue lo que los urbanistas llaman mezcla de zona urbana y forestal: viviendas dispersas y poco densas sobre un terreno que es sobre todo bosque. Por cada 10 % más de esa mezcla alrededor de una marta, sus probabilidades de exposición se multiplicaban por entre 1,4 y 1,9 para casi todos los venenos, y el número de compuestos en su hígado subía en torno a un 15 %. Las tierras de cultivo no mostraron una relación clara. Los autores admiten que sus muestras seguramente no cubrieron las zonas más agrícolas de Nueva York, donde hay tan pocas martas que no se trampean.

Los bosques protegidos no fueron un refugio. El noreste tiene casi 15 millones de acres (unos 6 millones de hectáreas) de espacios protegidos, y las martas que vivían en ellos o a su alrededor no estaban menos expuestas. El territorio de una marta es más grande que muchas de esas manchas protegidas, así que los animales seguramente cazan más allá de sus lindes, en patios y prados. Los edificios dentro del propio bosque, como campamentos madereros, instalaciones para hacer jarabe de arce o naves de mantenimiento, también podrían ser fuentes.

Por qué el veneno casero es el principal sospechoso

El patrón encaja con el control de plagas por cuenta propia. Aquí está la clave. Estudios anteriores vieron que hasta el 80 % de los hogares de California y de los agricultores de Irlanda se encargaban ellos mismos de los roedores, sin contratar a nadie, y que las normas sobre uso al aire libre se incumplen a menudo. Otro trabajo en California halló que en los barrios menos densos había más problemas con roedores y se usaban más raticidas. Pon una caja de cebo junto a cada cabaña, garaje y leñera de un condado boscoso y tendrás el mapa que dibujaron las martas. Los autores concluyen que el uso no profesional y fuera de etiqueta probablemente explica buena parte de la exposición en el noreste.

Los hígados no dicen dónde se comió el veneno. El estudio muestra una asociación fuerte, no una prueba de causa. Los tramperos solo informaron del municipio donde cayó cada marta, y esos municipios van de menos de 1 milla cuadrada a más de 480 (de unos 2 a 1.255 kilómetros cuadrados). El equipo repitió sus mapas diez veces con ubicaciones al azar para tenerlo en cuenta, pero sigue sin poder saber dónde se comió cada animal su presa envenenada. Las concentraciones medidas tampoco revelan la dosis inicial ni el daño a la salud, porque bajan con el tiempo y varían de un animal a otro. Y no había datos sobre plantaciones ilegales de marihuana en los bosques del noreste, a las que se ha culpado de envenenar martas en California.

El trampeo sirve de alarma barata. Como los tramperos entregan cientos de martas cada otoño, los estados podrían repetir este análisis y ver si las nuevas normas o las campañas reducen de verdad la exposición. Los autores quieren estudiar después otros carnívoros, como el lince rojo y el zorro rojo, que usan más el campo abierto, y saber mejor cómo usan estos productos los vecinos y los profesionales de la región.

El estudio en breve

  • Revista: Frontiers in Ecology and Evolution, febrero de 2024
  • Tipo de estudio: Análisis de laboratorio de hígados de marta pescadora en busca de 11 raticidas, cruzado con el terreno de cada lugar de captura
  • Muestra: 597 martas pescadoras de Pensilvania, Nueva York, Vermont, Nuevo Hampshire y Maine, casi todas del trampeo legal, de 2018 a 2022
  • Hallazgo principal: El 78,6 % de las martas llevaba al menos un raticida, y la exposición subía con la proporción de viviendas dispersas dentro del bosque.
  • Límites: Solo se conocía el municipio de captura, así que el estudio no puede señalar dónde ni de quién recibió el veneno cada marta.

Fuente: Silveira, G., Frair, J. L., Murphy, L., Ellis, J. C., Needle, D., Cunningham, S. A., Watson, A., Facka, A., Tate, P., Webb, S., Royar, K., Bernier, C., Keller, T., et al., y Schuler, K. (2024). «Drivers of anticoagulant rodenticide exposure in fishers (Pekania pennanti) across the northeastern United States». Frontiers in Ecology and Evolution, 12, 1304659. https://doi.org/10.3389/fevo.2024.1304659

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