Si tienes más de 50 años, es muy probable que en algún momento un médico, un farmacéutico o un anuncio te hayan recomendado tomar calcio, vitamina D o ambos para proteger tus huesos. Un análisis publicado en The BMJ, el más completo realizado hasta ahora sobre el tema, acaba de poner en duda que esa recomendación tenga la base que todos dábamos por hecha.
El trabajo, firmado por Olivier Massé y un equipo de investigadores de Canadá, reúne 69 ensayos clínicos aleatorizados con 153.902 participantes, casi el triple de los datos disponibles en las revisiones anteriores más citadas. Y la conclusión es incómoda para una industria que mueve miles de millones de dólares al año: ni el calcio, ni la vitamina D, ni la combinación de ambos reducen de forma relevante el riesgo de fracturas o de caídas.
El beneficio real es prácticamente nulo, incluso cuando es estadísticamente significativo. Con calcio solo, el riesgo de sufrir cualquier fractura apenas se movió (razón de riesgo de 0,91, con un intervalo que roza el 1, es decir, ningún efecto claro). Con vitamina D sola, el resultado fue todavía más contundente: sobre más de 92.000 participantes y con la certeza de evidencia más alta posible, el riesgo de fractura fue exactamente el mismo que con placebo, 1,00. La combinación de ambos sí arrojó una diferencia estadísticamente significativa, pero tan pequeña que haría falta tratar a 100 personas durante años para evitar una sola fractura adicional.
Los ensayos con mejor diseño son los que menos beneficio muestran. Los autores destacan algo revelador: cuantos más participantes y mayor calidad tenía un ensayo, más se acercaba el resultado a cero. El primer gran estudio que puso de moda estos suplementos, publicado a principios de los años 90, encontró reducciones notables de fracturas de cadera. Pero se hizo con mujeres de una media de 84 años, en residencias, con niveles de vitamina D extremadamente bajos y dietas pobres en calcio, un perfil muy distinto al del adulto medio que hoy compra estos suplementos en cualquier farmacia.
No es un problema de correlación, es evidencia experimental directa. A diferencia de los estudios observacionales, donde nunca se puede descartar del todo que otro factor explique la relación, aquí hablamos de ensayos aleatorizados: a un grupo se le daba el suplemento y a otro un placebo, al azar. Eso permite hablar de causalidad, no solo de asociación. Y lo que muestran esos experimentos, con una certeza de evidencia calificada como alta en la mayoría de los casos, es que la suplementación no cambia el desenlace.
Tampoco es un tratamiento sin coste. El calcio en pastillas es difícil de tragar y provoca con frecuencia estreñimiento, hinchazón o dolor abdominal en personas mayores. Un ensayo de gran tamaño lo relacionó con más ingresos hospitalarios por problemas digestivos, y otro encontró más piedras en el riñón entre quienes tomaban calcio y vitamina D juntos. Solo en Reino Unido, el gasto en recetas de vitamina D pasó de 13 millones de libras en 2001 a 111 millones en 2021, un salto que, según este análisis, no se ha traducido en menos huesos rotos.
Los autores sí matizan algo importante: sus conclusiones se aplican a la población general, no necesariamente a personas con osteoporosis diagnosticada, en tratamiento con fármacos específicos para esa enfermedad, o con carencias graves de vitamina D confirmadas por analítica, grupos donde la evidencia sigue siendo limitada y donde los suplementos pueden seguir teniendo sentido bajo supervisión médica.
Este artículo tiene fines exclusivamente informativos y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Si tomas estos suplementos o te planteas dejarlos, consúltalo con tu médico antes de cambiar nada.
Fuente: Massé O, Mercurio CM, Dupuis S, et al. «Calcium, vitamin D, or combined supplementation to prevent fractures and falls: systematic review and meta-analysis.» The BMJ, 2026. Acceso abierto (CC BY-NC). DOI: 10.1136/bmj-2025-088050


